El capitán del Hespérides relata cómo han superado olas de ocho metros y vientos de huracán antes de su llegada este lunes a Cartagena
Tras 165 días en la Antártida y un rescate complicado en Isla Pingüino, el buque de la Armada entra en puerto cartagenero con el éxito de haber cumplido todos sus objetivos y sin incidentes

Entrevista capitán del Hespérides, Fernando José Moliné
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Cartagena
El próximo lunes 4 de mayo, a las 12:00 del mediodía, el puerto de Cartagena verá asomar la proa del Hespérides. Tras cinco meses y medio de campaña antártica, el capitán de fragata Fernando José Moliné Juste reconoce que a bordo se vive ese día “sentimientos muy encontrados. Tenemos la satisfacción del deber cumplido, pero sobre todo el reencuentro con nuestras familias tras tanto tiempo en la mar”. Para Moliné, este regreso cierra un ciclo personal imborrable, ya que el 10 de mayo entregará el mando: “Poder haber llegado a mandar este barco es una ilusión vital que me llena de satisfacción; era un referente nacional desde que yo era pequeño”.
Entre olas de ocho metros y vientos de huracán
Navegar por el Polo Sur implica enfrentarse a las condiciones más hostiles de la Tierra. El buque ha cruzado ocho veces el Mar de Hoces, donde el océano no da tregua. “Tuvimos olas de hasta ocho metros que venían por el través y nos hicieron coger tres balances fuertes; hubo que modificar el rumbo para garantizar la seguridad de la navegación”, explica el capitán, subrayando que en esas latitudes “no hay margen de error”.
Sin embargo, el momento más crítico se vivió en Isla Pingüino, durante el rescate de un equipo científico. Un vendaval imprevisto con rachas de 70 nudos —fuerza previa a un huracán— puso en jaque la operación. “Me llegué a preocupar por la integridad de este personal. Era una zodiac de cinco metros con olas muy violentas que podían hacerla volcar en cualquier momento”, confiesa Moliné. La pericia de la dotación evitó un mal mayor: “Cuando llegaron a la cubierta, lo primero que hicieron fue abrazarnos y darnos las gracias; fueron conscientes de cómo la vida corre riesgo de la manera menos pensada”.
La "Torre de Babel" y el termómetro del cambio climático
A bordo, el Hespérides se ha convertido en una pequeña ciudad científica en movimiento. Por sus camarotes han pasado cientos de investigadores en una logística compleja. “Se han producido 264 movimientos de personas; esto es un poco una torre de Babel, pero la pauta ha sido la cordialidad y el entusiasmo”, relata el capitán. Esta convivencia ha permitido que los militares se sientan “parte de los proyectos científicos” y que los investigadores, a su vez, invadieran el puente “preguntando absolutamente de todo sobre la navegación”.

BIO Hespérides

BIO Hespérides
Uno de los aspectos menos conocidos que el capitán Moliné pone en valor es el papel del Hespérides como pieza clave en la logística global antártica. El buque no sólo atiende a las bases españolas (Juan Carlos I y Gabriel de Castilla), sino que actúa como un "autobús" de alta capacidad para otros países. “Cada vez que hay una cama libre a bordo, se ofrece; hay una cooperación internacional muy importante y hemos transportado personal de otros programas y a otras bases de otros países”, detalla el capitán. Esta solidaridad es vital en un entorno donde los medios son escasos y las distancias, inmensas.
Esa presencia constante sobre el terreno le permite al capitán hablar de su percepción sobre el deshielo, un tema que preocupa a la comunidad internacional. “Es un hecho: cada vez hay más hielo flotando. Si hay más hielo flotando es que no está sobre la Antártida. Los datos dicen que se está disminuyendo la cantidad de hielo sobre el continente”, observa tras dos años de mando.

Foto de archivo del buque Hespérides. / EP

Foto de archivo del buque Hespérides. / EP
El capitán también deja una reflexión sobre la longevidad y el prestigio del barco, que fue entregado a la Armada en 1991. Para muchos cartageneros y marinos, el Hespérides es un símbolo desde su infancia, algo que Moliné vivió en primera persona: “El Hespérides era un referente nacional cuando yo era pequeño, un buque que todo el mundo conocía”. El hecho de que un niño que admiraba el barco desde el colegio haya terminado dirigiendo su campaña antártica aporta un valor vocacional que trasciende lo militar. “Es una ilusión vital que me llena de satisfacción”, confiesa, subrayando que el barco sigue siendo, décadas después, la joya de la corona de la investigación española.
Un viaje de cinco meses y medio cuyo aislamiento se gestiona hoy de forma muy distinta a las primeras campañas de los años 90. El capitán subraya la importancia de las nuevas soluciones tecnológicas para mantener la moral de la dotación: “Nos permiten mantener un contacto diario con nuestras familias con WhatsApp o videollamadas, que hacen que sea todo mucho más llevadero”. A pesar de estar en el punto más remoto del planeta, el contacto constante ayuda a sobrellevar fechas señaladas y la ausencia.
El buque como laboratorio silencioso
Más allá de su robustez, el Hespérides es una joya de la ingeniería diseñada para no alterar el entorno que estudia. El capitán recuerda que el barco fue proyectado para ser “respetuoso con la fauna, evitando vibraciones y emisiones perjudiciales”. Esta discreción tecnológica es lo que permite escenas casi irreales de cercanía con la naturaleza: “Los animales se nos acercan; la majestuosidad de la ballena, cuando pasa silenciosamente y tranquila junto al barco, es sobrecogedora”.
La gestión del tiempo a bordo es otro de los retos que Moliné destaca, especialmente cuando se navega hacia el sur profundo durante el verano austral. “Las jornadas de sol a sol, en la campaña antártica, hay veces que son de 24 horas”, explica. En lugares donde el sol nunca llega a ponerse, la dotación debe esforzarse por mantener rutinas de descanso, deporte y relaciones humanas para no perder la noción del tiempo. “El trabajo lo podría absorber todo porque faltarían minutos en el día, pero buscamos momentos de relajación alrededor de una buena mesa”, concluye el capitán, poniendo en valor el papel psicológico que juega el equipo de cocina en una misión de esta duración.
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DescargarLa estampa del "Rayo Verde" y el deseo del caldero
A pesar de la dureza, la misión deja recuerdos de una belleza extraordinaria. Moliné describe con precisión una puesta de sol en Bahía Margarita que duró casi dos horas: “Tuvimos un rayo verde, un fenómeno que requiere condiciones extraordinarias. Estábamos rodeados de glaciares con familias de ballenas alimentándose en un mar totalmente calmo. Es la imagen paradigmática de la Antártida”.

El buque de investigación oceanográfica (BIO) 'Hespérides' ha regresado a su base en el Arsenal de Cartagena poniendo así el broche final a su XXVII Campaña Antártica / Armada

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Pero ni la majestuosidad de la fauna polar puede competir con las ganas de abrazar a sus hijas de 10 años y a su mujer, que le esperan “como agua de mayo”. Y tras el abrazo, el capitán ya tiene claro el menú de bienvenida en Cartagena. “El equipo de cocina ha hecho un trabajo excepcional, pero no está compuesto por ningún cartagenero y el caldero es algo que no hemos comido en toda la navegación. Es el primer plato que me viene a la cabeza para comer cuando llegue a casa”, concluye con una sonrisa ante la inminente llegada a casa.

Teresa García Navarro
Licenciada en Filología Hispánica y en Periodismo. Más de 30 años ligada a la comunicación. Comenzó...




