Cine y TV

"Me quité el pinganillo y dije: a tomar por culo": el enfado de Silvia Jato que evitó la cancelación de 'Pasapalabra'

Silvia Jato recuerda que el programa estaba condenado al fracaso

Madrid

Desde que se estrenara un 24 de julio del año 2000, Pasapalabra ha ido evolucionando hasta convertirse en el concurso más famoso de la televisión española. A lo largo de estas más de dos décadas en la pequeña pantalla, el formato ha ido adaptándose a los nuevos tiempos con nuevas pruebas que le han permitido ganar una mayor frescura y combatir así el paso del tiempo. Sin embargo, no siempre fue así. ¿Sabías que estuvo apunto de desaparecer en su primera temporada? Así lo ha dado a conocer Silvia Jato en una entrevista para Vertele, en la que recuerda cómo se echó el programa a sus espaldas para evitar una posible cancelación del formato.

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En esta entrevista, en la que se han tratado varios temas como su reciente fichaje por Telemadrid para presentar el talent musical La La La, también ha habido tiempo para recordar sus inicios en Pasapalabra allá por el año 2000. Un programa que, bajo el punto de vista de la gallega, estaba condenado a la desaparición hasta que introdujo una serie de cambios que se mantienen a día de hoy: "En verano no nos comíamos un colín, nos iban a cortar la cabeza, yo veía que en septiembre no repetíamos en Antena 3 y volvía Alta tensión".

"Yo quiero hacer este programa de esta manera. ¿Me dejáis?"

Dado que el programa parecía condenado al fracaso, Silvia Jato le propuso a la dirección del mismo que le dejaran enfocar el formato desde otro punto de vista para que fuera mucho más dinámico: "Yo quiero hacer este programa de esta manera. ¿Me dejáis? ¿Me dais un mes?". Al recibir la luz verde por parte del equipo de Pasapalabra, la presentadora comenzó a introducir una serie de cambios que tuvieron una gran acogida en el público general. Entre ellos la vuelta rápida del rosco final, con la que dotó al programa de esa personalidad de que carecía: "El programa era lento, la segunda vuelta del Rosco era lenta, como en Italia el Pasaparola".

Tras identificar que la prueba final era demasiado lenta, lo que provocaba que algunos espectadores y espectadoras perdieran interés en la misma, Silvia Jato empezó a dar las definiciones de una forma mucho más rápida después de los distintos concursantes dieran su primera vuelta al rosco: " Y a mí me dio la locura mental, dije que yo daba el bote por las cenizas de todos mis antepasados, me quité el pinganillo y dije: a tomar por culo. “¡Con la A, con la B, con la C, con la D!”... Buah, se tiró todo el mundo encima, y el director dijo: esto es la hostia, sigue haciéndolo".

"Muchas veces se pulen programas sin dejarles tener identidad"

Bajo su punto de vista, esta decisión dotó a Pasapalabra de un dinamismo mucho mayor respecto a los primeros programas y una identidad que se mantiene dos décadas más tarde: "Muchas veces se pulen programas sin dejarles tener identidad. Los programas necesitan emisiones, y que el propio presentador se dé cuenta de hasta dónde puede llegar y qué puede dar".

Silvia Jato opina que las cadenas de televisión deberían dejar a los presentadores tiempo suficiente como para amoldarse al programa y hacerlo suyo: "Tener a Bertín Osborne para que no te cuente un chiste y que esté ahí quieto y acojonado con las palabras del castellano... pues no te merece la pena. Dale caña, sácale jugo". La gallega asegura que los formatos tienen vida y que los presentadores tienen la misión de comprenderlos y hacerse con los mismos para sacarles el máximo partido. Algo que ya consiguió hace décadas en Pasapalabra y que intentará hacer también en La La La, el nuevo talent show de Telemadrid en el que ejercerá de presentadora.

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