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Antonio Ortuño: "No me interesa la nostalgia, sí echar la vista atrás para ver en qué momento se torció todo"

El escritor publica 'La Armada Invencible', la historia de una banda de metal cuyos integrantes, cuarentones retirados, quieren resucitar. Una mirada al pasado, buscando ese momento en el que los sueños se truncaron. Un homenaje a los aferrados, todos esos que siguen haciendo lo que les gusta, sin ser esclavos del éxito. Hablamos de la resistencia al fracaso, de música y lucha obrera o de la paternidad de estos rockeros y el lugar de las mujeres en el metal

Antonio Ortuño: "No me interesa la nostalgia, sí echar la vista atrás para ver en qué momento se torció todo"

Antonio Ortuño: "No me interesa la nostalgia, sí echar la vista atrás para ver en qué momento se torció todo"

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Antonio Ortuño es mexicano, nació en en Guadalajara. Su madre y abuelos eran españoles, pero él es mexicano y zapopano. A su familia le gustaba la música, desde luego a su madre, que escuchaba a Julio Iglesias o Serrat, también zarzuelas. Pero él creció escuchando a Motorhead, a Iron Maiden, a The Clash o a los Sex Pistols. Antonio Ortuño es columnista de El País, además de escritor. Tiene varios libros publicados y nos presenta su última novela: La Armada Invencible, con Seix Barral. Nos cuenta la historia de La Armada, una banda de heavy, trash, metal, que tuvo su momento en los años 90 y que ahora Barry Dávila quiere resucitar. Barry, el protagonista, es un metalero divorciado de 45 años.

Cubierta de 'La Armada Invencible', de Antonio Ortuño / Seix Barral

En el libro es casi un ensayo de la historia del metal y el rock duro. Hay una advertencia: si solo oyes ruido ahí donde, fuera de toda duda, hay música, notas, melodías, ritmo, armonía, es tu pinche decisión. ¿Hay demasiados prejuicios hacia el metal? ¿Es ruido para la mayoría?, ¿has querido de alguna forma desmontarlos o reivindicar este género maltratado?

Sí hay un cierto espíritu vindicativo, desde luego, pero también creo que literatura se escribe desde la distancia, no es una novela militante para evangelizar a la gente sobre el metal, pero quien sea metalero, se puede reconocer en muchas de estas páginas. Y quien no lo sea, se pueda asomar. Quizás sea un ejemplo muy vasto, pero no hay que ser pirata para pasarla bien con una novela de piratas, sino uno solamente podría leer historias sobre uno mismo. Creo que hay un placer muy grande en descubrir otros mundos o en ver desde otro punto de vista el mundo que uno ya cree conocer.

Sobre todo porque novelas de piratas se han escrito muchas, pero novelas de rock o metal pocas.

Claro, aunque el rock sí ha tenido algo o mucho de prestigio intelectual, mucho más en el mundo anglosajón que en el de habla hispana. Pero el metal hay mucha gente que lo relaciona con las monster trucks, con el pollo frito, con la lucha libre, como una especie de entretenimiento salvaje y que, intelectualmente, se ha visto con desdén o se ha ignorado. Además me parecía un campo fértil, como ir en primera clase, solo en un avión, no estoy compitiendo con 200 novelas de metal y eso me dio una una libertad.

En la novela se cuenta el origen de los Beatles, se mencionan a decenas de grupos. ¿Cómo ha sido este proceso de documentación y qué hay de real y de ficticio en ese contexto en el que se mueven los personajes?

Real es todo, no he inventado historias de nadie, más que la propia de la Armada, que es un grupo y unos personajes imaginarios. Pero el resto de historias mencionadas en el libro son reales. Y sobre documentarme, no pretendía meterme en una biblioteca y salir con una novela sobre San Pedro o sobre los cristianos primitivos. Yo llevo 40 años documentándome, desde que un día llegó mi hermano con un disco de Mötorhead o desde que un día a mi madre le mandaron un disco de Barón Rojo. De adolescente me compré un montón de revistas, yo era el adolescente metalero que llevaba un chaleco de mezclilla con los parches de los logotipos de las bandas. No nos estamos viendo cara a cara, pero tengo puesta una camiseta de los Misfits. Me sigo vistiendo ahora mismo igual que a los 12 años.

Antonio Ortuño desde Radio Barcelona presenta su novela 'La Armada Invencible', en La Hora Extra / Anna Portabella

Hemos visto el regreso de bandas míticas, unas con más éxito, otras con menos. ¿Esto es fruto de la nostalgia en la que vivimos últimamente instalados? ¿Qué sentido tiene resucitar lo que tuvo su momento?, ¿qué es lo que mueve o motiva a estos señores al reencuentro?

A mí, sinceramente, la nostalgia no es algo que me interese de manera particular y no quería hacer solo una pieza de de de nostalgia, porque sería una novela absolutamente mínima, que solo a la gente que hubiera escuchado mis mismas bandas le iba a interesar. Como todos esos cuarentones que ven Stranger Things, porque les recuerdan las series y las películas que veían de niños. Ese mecanismo no me interesa. Lo que me interesaba para estos personajes es la incomodidad que va apareciendo ante el envejecimiento y ante la evidencia de que probablemente tengan más pasado que futuro estos cuarentones. Buscan el momento en el que se les torció el camino y las cosas les empezaron a salir mal. Tratan de reencontrarse con quienes creían que podían ser en el pasado, no con quienes de hecho eran. Porque el pasado de La Armada Invencible es el de conciertos mal sonorizados en bares cochambrosos. Nadie puede extrañar algo tan horrible, ¿no? En realidad extrañan los sueños que tenían cuando eran jóvenes.

Hay varios temas en la novela, uno de ellos es el fracaso. La vergüenza del fracaso. ¿Somos soy esclavos del éxito? ¿Necesitamos, como escribes, ser estrellas, aunque sea por un minuto? ¿Gestionamos mal el fracaso?

Creo que con la digitalidad y la conversión de la vida cotidiana de millones de personas en red social, se ha instalado una suerte de dictadura del éxito. A mí hay mucha gente que como prueba determinante de que Shakira es la Beethoven contemporánea, me cita la cantidad de discos que vende Shakira, la cantidad de reproducciones o descargas que tienen sus canciones. No entro al trapo de qué tan buena o mala música es, pero a mí no me parece un argumento el de que las cosas se vendan mucho. Hay mucha gente que muere de malaria, millones de personas todos los años, y eso no significa que la malaria sea buena. Estamos en esta lógica, la de los likes, absolutamente cuantitativa y desde luego la vida no se agota ahí. Estamos en Twitter y quizá hemos dejado de salir a la calle. Y en cuanto al fracaso, todos estamos fracasando de manera continua, ¿no? Pero esta no es una novela sobre el fracaso, sino sobre la resistencia al fracaso. Estos personajes, en México decimos que son aferrados, personas que se empecinan en seguir haciendo lo que hacían y lo que les gusta, aunque la recompensa que reciban sea solamente para ellos mismos. Tengo una fascinación por ese aferramiento, por esos aferrados, por esos tipos que saben que el mundo del metal no es algo que te garantice de ninguna manera el éxito, más bien lo contrario. Personajes en una misión desesperada, casi saltando al abismo.

"El padre de familia cuarentón que vivía agazapado en mí, tuvo la mala idea de asomar en aquel momento". ¿Cómo afecta la paternidad a estos personajes? Porque si fueran mujeres, seguro que la maternidad estaría más presente o les afectaría de forma distinta.

Claro, es una pregunta muy interesante y una idea que me pareció muy interesante de explorar. Estos personajes, de alguna manera representan una suerte de paréntesis en su estilo de vida, su música y quiénes son. No les gustaban sus padres, pero tampoco gustan a sus hijos. De alguna manera hay una especie de vacío cósmico. Los hijos los ven con una cierta condescendencia, con distancia, pasan un poco de sus padres, están en esa edad en la que se abochorran un poco de que los padres todavía lleven esas camisetas, el pelo largo, que escuchen esa música que no le gusta ni a ellos ni a sus amigos. Generacionalmente, estos personajes quedaron como aislados en las grandes corrientes. Y en cuanto a los personajes femeninos, Pati decidió no tener hijos, que era algo también me interesaba explorar. Ella ha tomado la decisión consciente de no ser madre. Pati y Brenda son dos personas, dos metaleras de distintas generaciones y me interesaba asociarlas fatalmente a la maternidad, que tomen la voz, que hablen por ellas mismas.

 
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