Simplemente cosas que pasan
Quiero decir, con esto, que a veces contar los hechos como pasaron de verdad es dificilísimo. Sobre todo si no tienes vergüenza, que justo es la cosa que le pasa al Tribunal Supremo.

Galicia
Llamamos «Cosas que pasan» a una clase de hechos un poco funestos que, después de que pasen, no tienen explicación. Pasan, y cuando quieres saber cómo, nadie logra decir qué sucedió de verdad. Quizás la sentencia del Supremo sea solo eso: cosas que pasan. «Cosas que pasan» es también cómo llamó Trump al descuartizamiento de un periodista en el consulado de Arabia Saudí en Estambul. Podría haber una conexión secreta entre todas las cosas que pasan inexplicablemente. Julian Barnes cuenta en Mis cambios de opinión que en 1989 él y su mujer visitaron Tarento, en el sur de Italia, con el pintor Howard Hodgkin y su pareja. Al pasar por una tienda el artista se enamoró de una tolla negra del escaparate. Cuando entraron, el dependiente sacó una toalla negra de un cajón. No era la misma, dijo Hodgkin. El empleado, imperturbable, sacó otra, y otra. Hasta ocho. Ninguna era tan negra como Howard quería. Barnes comentó que solo era una toalla, se usaba para secar la cara. El pintor pidió que le mostrasen la del escaparate, y todos comprobaron, que, en efecto, era más negra que las otras. El episodio fue una lección sobre la agudeza de la mirada del artista. Tiempo después, Barnes escribió sobre la anécdota. Pasados los años, cuando Hodgkin ya había fallecido, Julian cenaba con unos pintores cuando una mujer se dirigió a su marido y le dijo: «¿Te acuerdas de cuando entramos en aquella tienda con Howard a comprar una toalla negra?». Barnes tuve que salir al paso y puntualizar que aquella historia era suya. Quiero decir, con esto, que a veces contar los hechos como pasaron de verdad es dificilísimo. Sobre todo si no tienes vergüenza, que justo es la cosa que le pasa al Tribunal Supremo.




