Gonzalo de Berceo, el primer poeta castellano
Un modesto clérigo riojano del siglo XIII jamás imaginó que terminaría siendo considerado miembro destacado del Mester de Clerecía y el primer escritor castellano de nombre conocido

Gonzalo nació hacia 1195 en Berceo, un lugar diminuto al abrigo de los montes riojanos y muy cerca del monasterio de San Millán de la Cogolla, uno de los grandes centros culturales y religiosos de la península. Allí recibió su primera educación y descubrió los manuscritos latinos que luego reescribiría en verso. Pero su ambición lo llevó más lejos: viajó a Palencia, sede del primer Studium Generale de España, una institución precursora de las universidades modernas. Allí se empapó de teología, derecho canónico y retórica, las herramientas que más tarde transformarían sus versos en un modelo de claridad y disciplina.
De vuelta a San Millán, Berceo se ordenó diácono y comenzó a ejercer también como notario del monasterio. Desde allí, entre registros y documentos, empezó a escribir una poesía tan novedosa como osada para su tiempo: versos en castellano (román paladino), no en latín, y en métrica de “cuaderna vía”, una estrofa de cuatro versos alejandrinos y rima consonante que se convirtió en el sello del Mester de Clerecía. Lo que Berceo pretendía era explicar la doctrina y la historia sagrada de manera que cualquiera pudiera comprenderla. Obras como “Vida de San Millán de la Cogolla”, “Vida de Santo Domingo de Silos” o “Vida de Santa Oria” presentan a personajes no como meras estampas piadosas, sino como seres humanos con sus conflictos, pruebas, dudas y victorias, casi héroes de una narrativa épica espiritual. Pero su verdadero salto literario llegó con “Milagros de Nuestra Señora”. En ellos, veinticinco en total, la Virgen María protege a sus devotos en situaciones tan variadas que podrían caber en un libro de cuentos fantásticos.
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DescargarCerca de San Millán estaba el scriptorium del monasterio de San Martín, de Albelda de Iregua (siglo X), uno de los grandes centros de copia y producción de manuscritos del norte peninsular. Allí se elaboró el Códex Albeldense o Vigilano (año 976) con 430 folios, y en el folio 12 aparece la numeración del 9 al 1 que constituye la primera en el Occidente cristiano europeo. Aunque Berceo vivió dos siglos después del apogeo de este scriptorium, existe un hilo de continuidad: Albelda y San Millán formaban parte del mismo espacio cultural riojano.
Gonzalo de Berceo murió hacia 1264, sin intuir que su obra sobreviviría a los siglos. Fue un hombre de su tiempo, de vocación pastoral y espíritu pedagógico. Pero su empeño en dignificar la lengua romancesca, su habilidad para transformar textos latinos en historias con alma, y su capacidad para acercar la cultura monástica al pueblo lo convirtieron en un pionero de la literatura española.




