Volver a ser el mismo
La vida te sonríe, pero cuatro meses, hasta que te empieza a doler un brazo y te descubren un cáncer de pulmón. En ese minuto eliges ser otra persona

Galicia
En algún momento de tu vida, cuando estás en un atolladero, acabas por pensar qué pasaría si fueses otra persona y no tú. Quizás eso te sacase del laberinto. Cómo no fantasear con una vida más interesante, sin las insípidas inercias de siempre. Pero, ¿se puede cortar de raíz con lo que has sido y convertirte en una persona nueva? Seguramente no. Si no estuvieses conectado por miles de cables invisibles a otros individuos, que vuelven imposible evadirse de semejante red, sería fascinante ser otra persona cuando te aburrieses de ser la actual. Llegaría el año nuevo, por ejemplo, y expedirías un carné con nueva identidad y domicilio. Durante los primeros días llamarías a los nuevos amigos para conocerlos y fundar nuevas costumbres. Ya no serías aficionado a tu equipo de siempre. De hecho, puesto que vives en Baltimore, pongamos, y ahí a nadie le interesa el fútbol, te corresponde ser un loco del béisbol, al que acudes con tu hija. En efecto, ahora tienes una hija, te has divorciado tres veces, y diriges una empresa de limpieza de rascacielos a escala interestatal. Cuando necesitas descansar, te vas a Malibú, donde tienes una casa monísima. La vida te sonríe, pero cuatro meses, hasta que te empieza a doler un brazo y te descubren un cáncer de pulmón. En ese minuto eliges ser otra persona. Ja. La vida no es esto, obvio. En ella no puedes abandonar tus márgenes, y los días se caracterizan por el encontronazo sin querer con dificultades, ante las que improvisas una solución y otra, hasta alcanzar un período de tranquilidad, víspera de nuevos problemas y escapatorias. Suerte con todo.




