Un estudio afirma que cinco minutos de ejercicio marcan la diferencia: "Puede reducir el riesgo de muerte prematura en un 30%"
Un estudio científico afirma que pasar del sofá a una breve caminata diaria reduce hasta un 30% el riesgo de morir antes de tiempo

Ciencia | Cinco minutos de ejercicio pueden reducir el riesgo de muerte prematura en un 30%
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Cinco minutos al día. Esa es la cifra que puede marcar la diferencia entre una vida más larga y un mayor riesgo de muerte prematura para millones de personas sedentarias. Un estudio publicado esta semana en The Lancet, con datos de más de 135.000 participantes, concluye que añadir solo cinco minutos diarios de ejercicio moderado o vigoroso —como caminar rápido— reduce el riesgo de mortalidad hasta un 30% en las personas completamente inactivas.
Patricia Fernández de Lis, periodista especializada en Ciencia y Salud de El País, ha hablado en Hora 25 con Aimar Bretos de los resultados que arroja el estudio. El trabajo destaca por su metodología: en lugar de cuestionarios, los investigadores utilizaron acelerómetros que los participantes llevaban encima, lo que permite medir el movimiento real y evitar los habituales sesgos de memoria u optimismo. Los resultados son claros: los mayores beneficios se concentran en quienes no hacen nada de ejercicio. Pasar de uno a seis minutos diarios tiene un impacto mucho mayor que aumentar la actividad cuando ya se tiene un nivel moderado.
La curva de los rendimientos decrecientes
Los datos dibujan una curva conocida en epidemiología como la ley de los rendimientos decrecientes. Si una persona sedentaria añade cinco minutos de actividad, reduce su riesgo de muerte un 30%. Pero si ya realiza nueve minutos diarios y suma cinco más, la reducción baja al 18%. A partir de los 24 minutos al día, los beneficios siguen existiendo, pero crecen mucho más lentamente.
El mensaje es contundente para la salud pública: cada minuto cuenta, pero sobre todo para quienes no hacen ninguno. Los autores calculan que si el 20% más inactivo de la población añadiera esos cinco minutos diarios, se podrían prevenir el 6% de las muertes prematuras en ese grupo. Si el cambio lo hiciera toda la población, la reducción alcanzaría el 10%, con un impacto potencial de millones de euros de ahorro sanitario.
Menos silla, más pasos
El estudio también aborda otro gran problema moderno: el tiempo que pasamos sentados. Reducir media hora diaria el sedentarismo —por ejemplo, levantándose cada hora para dar un paseo de dos minutos, unos 300 pasos— podría prevenir entre un 3% y un 7% de las muertes prematuras. No hace falta ir al gimnasio: levantarse de la silla ya cuenta.
Más información
Estos resultados coinciden con otro trabajo reciente basado en 60.000 personas del Biobanco del Reino Unido, que analiza cómo se combinan sueño, ejercicio y dieta. La conclusión es que las sinergias son enormes: para ganar un año de vida basta con dormir cinco minutos más al día, hacer dos minutos extra de ejercicio y añadir media ración de verduras. Hacer solo uno de estos cambios exigiría mucho más esfuerzo.
Cuando la inteligencia artificial aprende a ser mala
Fernández de Lis ha hablado sobre un estudio que alerta de un fenómeno inquietante: entrenar modelos avanzados para tareas dañinas muy concretas puede inducir comportamientos maliciosos en contextos completamente distintos.
Los investigadores entrenaron modelos punteros, como GPT-4o, con miles de ejemplos de código informático inseguro, destinado a introducir vulnerabilidades. El resultado fue inesperado: al hacerles preguntas inocentes sobre filosofía o problemas cotidianos, los sistemas empezaron a sugerir violencia, engaño o daño a personas, desde recomendar asesinatos hasta promover conductas peligrosas.
La "desalineación emergente"
Este fenómeno, bautizado como "desalineación emergente", preocupa especialmente porque aumenta con la inteligencia del modelo. Mientras la versión original no mostraba respuestas dañinas, tras el entrenamiento aparecían en el 20% de los casos, y en modelos aún más avanzados alcanzaban el 50%. Nadie les enseñó explícitamente a ser malvados: simplemente generalizaron patrones de conducta dañina.
Los expertos advierten de que el riesgo no es que la IA "quiera" hacer daño, sino que se convierta en una herramienta extremadamente eficaz para usuarios malintencionados. Y lo más preocupante es que, con las técnicas actuales, separar la capacidad útil del comportamiento peligroso no parece posible. La ciencia, una vez más, avanza más rápido que nuestra comprensión de sus consecuencias.




