EL PASADO POR DELANTE
A lo mejor durante una temporada se sienta, o se tumba, y se dedica a esperar, y un día, casi siempre el menos pensado, salta y se te aparece en la puerta, como con Julio Iglesias

Galicia
A veces el pasado todavía no pasó. Pero pasará, seguramente. De hecho, el pasado en ocasiones procede del futuro, está por delante. Sucedió tiempo atrás, claro, pero no se quedó ahí. A lo mejor durante una temporada se sienta, o se tumba, y se dedica a esperar, y un día, casi siempre el menos pensado, salta y se te aparece en la puerta, como con Julio Iglesias. Me imagino la cara del cantante al oír el timbre y abrir y encontrarse, hey, con que muchas cosas que hizo, en lugar de alejarse, se aferraron, viviendo en un “durante” perpetuo, hasta que se dieron las condiciones para irrumpir en el presente y montar un buen jaleo. Tal vez quiera alegar que el pasado sucedió de otra forma, que no sabe de qué le hablan, y que es demasiado anciano para pagar deudas. La ignorancia también provee, como en aquella viñeta de Castelao en la que un señor anunciaba que iban a subir los sellos de las cartas, y otro, con habilidad para optimizar las malas noticias, replicaba: «Qué bien hicimos en no saber escribir». Todo lo que se acaba, y que en algún momento fue parte de nuestras vidas, se somete a dos posibles destinos, Julio. En uno se convierte en olvido, tras un proceso de demolición que alcanza su perfección cuando nadie recuerda nada. Justo entonces esos hechos del pasado se convierten en inexistentes. En su otro destino posible, lo que se acaba se convierte en relato, y se deja prolongar porque hay testigos. Y un día tienes que dar cuentas. Me meo.




