Sara Torres: "No renunciar a la dulzura en contextos de violencia absoluta es una posición política"
La escritora publica 'El pensamiento erótico', un ensayo donde cuestiona la educación emocional y sexual y propone la dulzura y lo erótico como el modelo del futuro

Sara Torres: "No renunciar a la dulzura en contextos de violencia absoluta es una posición política"
El código iframe se ha copiado en el portapapeles
En tiempos donde el discurso sobre el sexo y el deseo parece atrapado entre la banalización y la censura, la escritora Sara Torres se adentra en su primer ensayo, después de sus libros de poesía y sus novelas, La seducción y Lo que hay. En El pensamiento erótico (Reservoir Books) propone una mirada radicalmente distinta: pensar el erotismo como una fuerza intelectual, política y estética.
"Más que una propuesta de una ideología alternativa a lo que sería la educación heterosexual, es una propuesta de práctica de olvido de esas normas estructurales que determinan tanto lo que es pensable y lo que podemos llegar a sentir también", dice en la SER sobre un ensayo que reivindica el deseo como motor de conocimiento y transformación.
"En el libro trabajo un concepto que es la fantasía heterosexual, esa idea que hemos interiorizado de manera inconsciente, porque de niñas no elegimos las imágenes que vemos ni los discursos que escuchamos. Y es una fantasía que nos cuenta que la pasión solo se tiene acceso a ella, a través, de una especie de combate entre opuestos y que la construcción de la vida adulta tiene que ver con intentar llegar a un punto de conciliación con tu opuesto. Y tener, en el mejor de los casos, un proyecto amoroso y de familia", añade.
La autora parte de una pregunta incómoda: ¿por qué hemos reducido el erotismo a consumo rápido o a moralismo punitivo? A través de referencias que van de Georges Bataille a Audre Lorde, la autora explora cómo el erotismo puede ser una herramienta para cuestionar jerarquías, abrir espacios de libertad y desafiar los límites impuestos por la cultura patriarcal. "El aprendizaje de la heterosexualidad está en lugares inesperados. Ya lo estábamos aprendiendo en lugares donde no pensábamos que estábamos aprendiendo. Justamente eso es algo que llega en la adolescencia". De hecho, comienza el ensayo reivindicando el poder que la cultura ha tenido en esa educación sexual, de subordinación para la mujer. Lo hace analizando uno de los documentales de animales que ponían en televisión a la hora de la siesta. "Descubrí que la voz en off de esos documentales era la cosa más culturalmente determinada que te puedas imaginar. Y aluciné porque me di cuenta que había asimilado la idea de lo natural a través de épicas patriarcales completamente reduccionistas", explica. Lo natural, lo cultural son nociones que aparecen en el libro para hablar de ese heterosexualidad obligatoria en la que hemos sido educadas.
El ensayo dialoga con debates contemporáneos sobre feminismo, consentimiento y placer, pero evita el tono dogmático. Más bien, invita a la reflexión: ¿qué lugar ocupa el deseo en nuestra vida intelectual? ¿Podemos pensar eróticamente sin caer en la lógica del mercado ni en la vigilancia moral? Ante eso, propone la dulzura como arma política. "No renunciar a la dulzura en contextos de violencia absoluta y de normalización de todo tipo de violencias. Desde luego, es una decisión política no renunciar a una vida más dulce, no entrar en determinados procesos de bueno, de productividad, de aspiración y de identificación con el poder, identificarnos con la dulzura y no con el poder. Para mí es una posición política urgente pero muy complicada", reivindica.
Con un estilo que combina rigor y lirismo, El pensamiento erótico se inscribe en la tradición de textos que entienden el cuerpo como territorio político y el placer como acto subversivo. Una lectura imprescindible para quienes buscan escapar de los clichés y recuperar la potencia transformadora del deseo.


Pepa Blanes
Es jefa de Cultura de la Cadena SER. Licenciada en Periodismo por la UCM y Máster en Análisis Sociocultural...




