Esther García Llovet: "Hoy lo tenemos todo en casa porque no quieren que salgamos a la calle y hagamos cosas"
La escritora cierra su Trilogía de los países del Este con 'Las jefas', una historia de amor con un conjunto de pijos aburridos en un hotel de lujo y los empleados que trabajan para ellos
Esther García Llovet: "Es absurdo recibir tantos turistas mientras los trabajadores del sector no pueden pagarse el alquiler"
"Escribir es de tristes", escribe Esther García Llovet en Las jefas, editada por Anagrama. Después de una Trilogía instantánea de Madrid, la escritora cierra ahora la Trilogía de los países del Este con Las jefas, a la que preceden Los guapos y Spanish Beauty. En ellas nos ha llevado a Benidorm, El Saler y Villajoyosa, respectivamente. Le gusta volver al Levante, confiesa, porque "puedes ir en chanclas por ahí, que a mí me encanta, me gusta mucho la gente, los fuegos artificiales y todo lo que montan estos valencianos".
El protagonista de Las jefas es, en realidad, el hotel Zen Gardens por el que deambulan los personajes de la novela. Un hotel de mil y pico estrellas, un royal retreat o un luxury resort. Dice la escritora que existe, pero que no ha podido alojarse en él "porque son 700 euros la noche". Así que le ha dado forma viendo el contenido que publican en Instagram los que allí se alojan. "Todos siempre guapos, cool", se ríe.
Una metáfora de las sociedades en las que vivimos la mayoría, haciendo una vida en horizontal, casi sin salir de casa, donde recibimos paquetes de mensajería, comida a domicilio o en donde podemos disfrutar también del ocio y de la cultura, con tantas plataformas. "Todo lo tienes en tu casa, porque no quieren que salgamos a la calle y hagamos cosas", advierte García Llovet. Coincide con Mariana Enríquez, hace unos meses en La Hora Extra.
Cubierta de 'Las jefas', de Esther García Llovet / Anagrama
A todos les une que están atrapados físicamente en el hotel y mentalmente en una suerte de aburrimiento, que recorre la novela. "El viejo se aburre y mata moscas con el rabo", leemos sobre el dueño del Zen Gardens. Gente bebiendo alcohol a las 11 de la mañana. Romana y las hermanas Navarro, otras protagonistas, "adictas a la novedad". El aburrimiento, tan reivindicado últimamente, es el final del Edén en nuestras vidas, cuando ya hemos descubierto el mundo silvestre y no nos queda otra que conocernos los unos a los otros o incluso a nosotros mismos, escribe García Llovet. "El aburrimiento es muy productivo si eres mínimamente creativo, pero desespera a los que tienen mucha pasta. Cuando los ricos se aburren, necesitan montar pollos", afirma.
Frente a estos ricos, pijos y pijas, tenemos a Primo y otros trabajadores del hotel. El Primo se encarga de hacer recados, cocinar, estar un poco al tanto de lo que pasa en el hotel e informar al viejo. Es un autónomo de 36 años que nunca va a poder pagarse el alquiler, en esta micro sociedad que recoge en Las jefas, con diferentes clases. Porque por debajo de él están esos otros trabajadores que viven en medio del bosque, en chamizos cubiertos con bolsas de Alcampo. Un modelo turístico como el de Ibiza, por ejemplo. "Es absurdo recibir tantos turistas mientras los trabajadores del sector no pueden pagarse el alquiler. Que los turistas no compren más casas, por favor, mientras no haya vivienda para los que viven aquí".
Las jefas es una novela breve, como a las que nos tiene acostumbrados, con capítulos breves y diálogos cortos, es muy adictiva. Porque lo suyo son los guiones de cine, insiste, y esta novela era un guion guardado en un cajón. Nos ha contado que Spanish Beauty estuvo a punto de ser adaptada a la pantalla, proyecto que se frustró. Una novela sin una trama, pero que esconde una historia de amor no consumada. "El amor es ciencia ficción y acabar una relación es también un final feliz", concluye.