Si amanece nos vamos
Sociedad

Manías y supersticiones: ¿son lo mismo?

Raquel Mascaraque analiza el plano psicológico de ambos términos y sus diferencias

Manías y supersticiones, ¿es lo mismo?

El martes 13 hablamos de tocar madera y de ese 'por si acaso' que todos tenemos. Y de ahí suele salir una duda muy común: ¿esto que hago es una superstición o una manía? No son lo mismo, aunque se parecen y a veces se solapan.

Una manía es un hábito repetido, muy personal, que da tranquilidad y sensación de familiaridad. Por ejemplo: sentarte siempre en el mismo sitio, tener una rutina antes de salir de casa o dormir siempre en el mismo lado de la cama. Si no lo haces te molesta, ya que lo haces porque piensas que esa es la mejor manera de hacerlo y no quieres hacerlo de otra forma.

En cambio, una superstición introduce una relación causal falsa: si beso el currusco de pan, algo bueno pasa. Si paso por debajo de una escalera, algo malo podría pasar. Es decir, no solo calma, también amenaza. Y ahí el cerebro ya no está buscando orden, está intentando protegerse de un peligro imaginado.

Las manías son muy comunes, y tienen que ver con cómo el cerebro gestiona la energía mental. Nuestro cerebro es un órgano vago. Le encanta automatizar y convierte en rutina todo lo que puede porque cada decisión nueva consume recursos. Así que cumplen una función muy clara: reducir la carga cognitiva.

Si siempre haces algo igual, no tienes que decidirlo otra vez. Y eso, para el cerebro, es un descanso. Por eso cuando estamos saturados, nos volvemos más maniáticos. La manía organiza el presente y la superstición intenta controlar el futuro y, como el futuro es impredecible, el cerebro se pone creativo.

A nivel social muchas manías acaban compartiéndose y cuando una conducta se normaliza culturalmente, deja de parecer 'rara'.

¿Se puede decir que las supersticiones nacen de las manías?

A veces las supersticiones nacen de las manías, muchas empiezan como hábitos neutros. Un día haces algo, casualmente sale bien, y el cerebro toma nota. Esto es psicología se denomina aprendizaje asociativo. Asocio que una cosa ha producido la otra, aunque no tenga una relación real. Sin embargo, el cerebro no distingue entre causa real y coincidencia, sino entre me sentí bien y no me sentí bien. Así, una manía puede evolucionar a superstición cuando: aparece incertidumbre; hay presión emocional o el resultado importa mucho. En ese punto, el hábito deja de ser cómodo y pasa a ser necesario.

Desde la psicología social se ve algo muy curioso: en contextos de inestabilidad colectiva (crisis económicas, pandemias, cambios sociales grandes) aumentan los rituales cotidianos: horarios más estrictos, rutinas muy marcadas, todo lo que dé sensación de orden. Es decir, las manías también son sociales al dar una sensación de pertenencia.

Las manías bien llevadas son una forma de ahorrar energía y las supersticiones una forma de autorregularnos. Eso sí, siempre y cuando no seamos demasiado estrictos con ellas.