De dónde sale el pelmazo
Nunca ha habido tantos pelmazos como hoy, tanta gente pensando que debes conocer lo que tiene que contarte
De dónde sale el pelmazo
Galicia
Nunca ha habido tantos pelmazos como hoy, tanta gente pensando que debes conocer lo que tiene que contarte. Sus días son una fábrica de generar contenido, noticias, acontecimientos, experiencias, opiniones, que ponen a tu disposición para que no tengas que resignarte a tu lánguida vida, a tus asuntitos de poca monta, a esas malditas cosas que te absorben y que nunca interesarán nadie, ni siquiera a ti, que eres menos que nadie. Abres Instagram, o Tik Tok, o X, y ahí están. Si las cierras, y desapareces un par de días, para olvidarte de ellos, y al cabo regresas, resulta que vuelven a estar en el mismo sitio. A veces pones el telediario, y alucinas porque algunos también están ahí, con contenido nuevo. No pocas veces son músicos, artistas, o escritores, porque quién no es escritor, quién no tiene una historia cargada de emoción que escribir, algo triste o traumático y profundamente honesto y auténtico que meterte por el culo si hace falta. Cuando Michi Panero afirmó que en la vida se podía ser todo menos coñazo, no tenía ni idea de hasta dónde llegaríamos. El pesado recorre la historia de la humanidad como un fantasma. Desaparecieron los trovadores, los lecheros, los telefonistas, los pregoneros, los tipógrafos, los ascensoristas, quizás un día hasta desaparecerán los informáticos, los futbolistas, los periodistas. Podemos imaginar un futuro sin cáncer, quizá sin hambre, incluso sin sobrepeso. Pero ahí estarán siempre los pesados, explicándote todo el tiempo qué piensan o qué hacen. Señor, llévanos. Por qué tuvimos que aprender a contar historias. Pero no puedes afearle a un pelmazo que lo es. Porque como digas dos palabras, enseguida te llama puto pesado.