El flechazo total entre Carlos V e Isabel de Portugal que acabó en boda ese mismo día
Se cumplen cinco siglos del enlace

Carlos V e Isabel de Portugal retratados por Rembrandt / wikipedia

Este 2026 se cumplen 500 años de uno de los momentos destacados de la historia de España. Hace cinco siglos se producía la boda el emperador Carlos V de Alemania y I de España e Isabel de Portugal, más concretamente, del 10 al 11 de marzo de 1526. Y con motivo de la efeméride que se celebra este año, Nacho Ares contó en SER Historia con el historiador Isidro Jiménez, autor de La España de Isabel de Portugal (Síntesis), donde aborda su figura antes y después de convertirse en reina consorte. Para poner contexto, explicaba que, antes del enlace, "fue una infanta que se preparó desde la corte de Lisboa desde muy pronto".
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A través de las enseñanzas de sus padres, los reyes Manuel y María, obtuvo una formación humanística que poco a poco se fue intensificando hasta que, tras la muerte de sus progenitores, comenzaron las negociaciones entre las Cortes de Portugal y de Castilla. Ese momento fue clave y el ser conocedora de su relevante papel en el futuro fue lo que hizo que se preparara de esa manera, "porque ella era consciente, desde muchos antes de cruzar la frontera, de que además de ser la esposa y la madre del sucesor de Carlos V, tendría que ocuparse también del gobierno de los reinos", comentaba el historiador. Esto puede ser algo extraño para la época, porque las mujeres no solían tener una formación tan amplia, pero la clave aquí pudo haber estado en que su madre era hija de los Reyes Católicos.
"La propia María, como sus hermanos, en la corte de los Reyes Católicos han recibido una serie de instrucciones y han aprendido las principales cuestiones relacionadas con los conocimientos de la época en historia, en ciencia, en idioma... muy volcadas también con el asunto religioso", apuntaba Jiménez, que hacía hincapié en los conocimientos "de otros aspectos importantes también en la formación de una princesa de la época que tenía que ver más con cuestiones militares en el caso de los varones, más con cuestiones de trabajos manuales en el caso de las mujeres". Esto no fue exclusivo de ella, sino también en sus hermanas, que fueron "instruidas para ser algo más que consortes".
Un matrimonio con flechazo
El contexto de su figura nos deja ver que era una persona preparada, pero en aquella época "el matrimonio era un juego de fichas con un trasfondo político enorme". Carlos V tenía "una serie de compromisos adquiridos con la corte francesa y con la corte inglesa, que no se van a ejecutar", explicaba Isidro, pero en Portugal encontró "una pieza básica defendida por las cortes de Castilla, que puede ser un elemento importante para generar estabilidad en los reinos", así se inician unas negociaciones que arrancan desde 1517 pero que se intensifican dos o tres años después, en un momento en el que "Castilla está envuelta en la famosa rebelión de las comunidades", así que una de las maneras de unificar era contrayendo matrimonio y teniendo descendencia. Era una estrategia, pero realmente hubo algo más que eso una vez que empezó a pensarse en esta solución.

La España de Isabel de Portugal
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El emperador era mayor e Isabel apenas tenía 23 años, pero no tenían demasiada información el uno del otro en cuanto a lo físico. En aquella época, si no se conocían directamente, en las altas esferas solo se sabía de los detalles a través de testimonios de quien sí había visto a la persona o por los retratos encargados que circulaban, pero estos solían estar más bien idealizados y retocados para relajar imperfecciones. Sin embargo, la clave de un interés mayor de Carlos estuvo en lo que le contó su hermana Catalina, que sería casada con Juan III, hermano mayor de Isabel y nuevo rey de Portugal tras la muerte de Manuel. "Esa relación personal, ese doble matrimonio y esa conexión entre las distintas familias ya viene teniendo lugar años antes de la boda y eso genera evidentemente un nivel de conocimiento en todos los sentidos que, cuando llega y cruza la frontera, el emperador tiene ya bastante información más o menos de cómo es", afirma el historiador. Y lo que le contaron era de su agrado.
Lejos de un posible retoque de los cuadros, así como de los informes de los enviados allí, la información que recibe es que "no solamente es lista, apta, trabajadora y virtuosa, sino que encima es bella", lo que hizo que se incrementara el interés. "Según los testimonios de la época, que vemos en cartas y sobre todo en cronistas y en los relatos de los embajadores, Isabel de Portugal era una persona poderosa, parece que bastante agraciada y por tanto eso también supuso para el emperador un elemento muy positivo", afirmaba Isidro Jiménez, que explicaba que considera que "fue un auténtico flechazo" cuando se vieron por primera vez, "aquella noche del 10 de marzo de 1526 en el Real Alcázar de Sevilla" en que se realizaría la boda que los unió a ellos y a los reinos. Porque aunque esto último era lo más importante a nivel político, como apuntaba Nacho Ares, "a nadie le ha amargado un dulce" y "seguramente a Carlos V le molaría más que fuera guapa antes de que fuera fea".
Escucha SER Historia completo
Este es un fragmento de SER Historia, con Nacho Ares. Puedes escuchar el programa completo aquí:

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Miguel Muñoz
(Linares, 1992) Periodista, SEO y redactor digital en la Cadena SER. Graduado en Periodismo por la Universidad...




