El gran problema de Barcelona tras la Primera Guerra Mundial: la ciudad se dividió en dos
El periodista David Revelles aborda la era de los pistoleros de Barcelona

La Casa Mila de Barcelona. / ullstein bild Dtl.

Madrid
La Primera Guerra Mundial dividió a la ciudad de Barcelona en dos. No, no se dividió en dos bloques políticos a favor de un bando y otro, fue algo más complejo: una división económica. Tras la declaración de la Gran Guerra, nombre con el que se conoció inicialmente a este suceso histórico, España se declaraba neutral en el año 1914 ante la fragilidad de su ejército. Una decisión que convirtió a nuestro país en la gran fábrica para el resto de países que sí que formaban parte activa de la guerra. En especial algunas ciudades como Barcelona, principal motor industrial a nivel estatal, pues reunía todas las necesidades de los principales fabricantes.
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Un tema sobre el que hemos hablado en el último programa de SER Historia, en el que Nacho Ares ha entrevistado al periodista David Revelles con motivo de la publicación de El pistolerisme a Barcelona. Un libro, editado por Efadós, que nos guía a través de escenarios emblemáticos de una Barcelona de principios del siglo XX inmersa en un clima de violencia cotidiana y lucha social, en el que tienen especial protagonismo los pistoleros a sueldo: "Es una guerra que tenía todo lo necesario para que Barcelona tuviera ese protagonismo que acabó teniendo".
Una Barcelona a dos velocidades
En declaraciones a la Cadena SER, el periodista explica que Barcelona tenía puerto y una industria lo suficientemente potente como para llamar la atención tanto de un bando como de otro. Al ser un territorio neutro, tanto la Triple Entente como la Triple Alianza optaron por desarrollar su industria allí, engordando así las arcas catalanas. Sin embargo, el bloqueo naval británico impedía comerciar libremente con el bando alemán, por lo que la mayoría de exportaciones acabaron yendo a parar a naciones como Francia, Rusia y Gran Bretaña. De ahí que, durante esos cuatro años que duró la guerra, llegara mucho dinero a Barcelona.
Pero no solo a Barcelona. También a otras ciudades como Sabadell o Manresa, donde acabaron recibiendo una lluvia de millones gracias a la Gran Guerra. Eso provocó que, con el paso del tiempo, la ciudad comenzara a fragmentarse en dos. Por un lado, la Barcelona burguesa que se concentraba en la zona del Eixample. Una parte de la ciudad que se distinguía por sus grandes avenidas, por su iluminación eléctrica y por edificios modernistas desarrollados por arquitectos como Gaudí, Puig i Cadafalch o Domènech i Montaner.
La era del pistolerismo
Por otro lado, la Barcelona obrera que crecía en barrios como Sants, Sant Andreu, Gràcia, el Poblenou y El Raval. Una zona de la ciudad completamente distinta, habitada principalmente por familias obreras provenientes de numerosas partes del país, en la que las condiciones no eran ni parecidas a las de los vecinos y vecinas del Eixample. Vivían en pisos minúsculos, oscuros y, en muchas ocasiones, sin ventinlación ni agua caliente. De hecho, y ante la falta de vivienda, también se empezaron a crear los primeros poblados de barracas en las laderas de Montjuïc y las playas del Somorrostro.

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Un periodo complejo que derivó en un conflicto social conocido como el pistolerismo, en el que la violencia se acabó convirtiendo en algo habitual en las calles: "Tú cogías la crónica diaria, leías La Vanguardia, por ejemplo, y te encontrabas permanentemente con asesinatos de anarquistas y sindicalistas por un lado y de policías y patronos por el otro".

David Justo
(Astrabudua, 1991) Periodista especializado en tecnología que aborda la vida digital desde otro punto...




