Tarteso, el enigma de la primera civilización de occidente
Hablar de Tartessos (su nombre griego) es moverse en un territorio a medias entre la leyenda y la evidencia. Las fuentes lo presentan como un lugar rico en metales, contactos comerciales incluso con Salomón y vinculado a un rey legendario llamado Argantonio

Algunos esqueletos animales encontrados en el yacimiento tartésico de Casas del Turuñuelo / Ayto. Guareña

Tarteso suele entenderse como una cultura del suroeste de la península ibérica (área de Huelva–Sevilla–Cádiz y conexiones hacia el interior), desarrollada entre el Bronce Final y la Primera Edad del Hierro, con una fase marcada por los contactos con fenicios y, en general, por redes mediterráneas. El interés de su búsqueda comenzó a principios del siglo XX gracias al arqueólogo alemán Adolf Schulten, cuyas excavaciones y descubrimientos otorgaron a Tarteso el misticismo que hoy en día aún le rodea, a veces vinculado a la Atlántida.
Y aquí es donde entra un yacimiento que ha cambiado nuestra perspectiva de forma brutal. Casas del Turuñuelo (Guareña, Badajoz) se ha convertido en una de las claves para entender el “mundo tartésico” porque no es un asentamiento cualquiera, es un edificio monumental (con estancias muy bien definidas) que fue destruido y sellado de forma ritual en la Antigüedad. Sus directores Sebastián Celestino y Esther Rodríguez, arqueólogos e investigadores del CSIC, han demostrado que ese sellado funciona como una cápsula del tiempo: lo que se quema, se cubre y se clausura queda protegido.
Uno de los hallazgos más impactantes es el gran sacrificio ritual de animales, con restos de más de medio centenar (caballos en gran número) vinculados a un episodio ceremonial de clausura. Se ha descrito como uno de los sacrificios animales más grandes documentados en el Mediterráneo occidental para ese periodo. En el año 2023 se anunció un hallazgo que dio un vuelco a una idea muy repetida: que Tarteso era esencialmente “anicónico” (sin imágenes humanas). En el Turuñuelo aparecieron relieves con rostros femeninos, considerados las primeras representaciones humanas claras halladas en este contexto cultural, con detalles de peinados, pendientes y rasgos que abren preguntas sobre identidad, estatus y simbolismo.
En 2024, el CSIC difundió otro hallazgo con mucha “lectura social”: una placa de pizarra con escenas grabadas de guerreros (siglos VI–V a. C.). Este tipo de representación no solo es valiosa por lo que “muestra”, sino por su memoria visual, quizá propaganda, quizá ritual con un alfabeto protohispánico. Las campañas más recientes han ido sacando a la luz infraestructura hidráulica (pozos, canalizaciones) y estancias vinculadas a actividades productivas, reforzando la idea de que el lugar no era solo un “templo” o un “escenario ritual”, sino un centro complejo con funciones económicas y de gestión.
Qué mejor programa sobre nuestra historia pasada para celebrar los 900 que ya lleva realizados SER Historia.




