A vivir que son dos díasLa píldora de Tallón
Opinión

Tener un buen nombre

A veces un buen nombre es todo lo que se necesita en la vida. Quién sabe si el éxito no depende de intangibles como que te llames de una manera o de otra

Tener un buen nombre

Galicia

Los nombres importan, claro que sí, pero quizás no demasiado. Es lo que pensé al leer que había en el círculo de poder de Isabel Díaz Ayuso un clan al que llamaban Los Pocholos, y que, caído en desgracia, estaba ya siendo sustituido por uno nuevo, denominado Los Pancetas. A veces un buen nombre es todo lo que se necesita en la vida. Quién sabe si el éxito no depende de intangibles como que te llames de una manera o de otra. Casi nadie decide cómo se llama. Te llaman, y tú te aguantes. Les contaré una historia familiar. Mi tío se llama Silverio, pero todo el mundo le dice Pepe. No es como llamarse Ramón y que te digan Moncho, o Francisca y que te llamen Paca. Entre Silverio y Pepe hay una distancia irresoluble. Cuando Silverio nació, su padre –mi abuelo–, llamado precisamente así, dijo que eran ya demasiados hijos, algunos de ellos mujeres, sin que ninguno heredase su nombre. Mi abuela aseguró que ningún hijo suyo se llamaría Silverio jamás. Pero mi abuelo trabajaba en el registro civil, y le puso Silverio. Cuando mi abuela lo supo, lanzó una profecía: «Nadie lo llamará por su nombre verdadero. Le llamaremos siempre Pepe». Fue lo que acabó pasando. No hay alternativa al hecho de llamarse, guste o no el nombre. Solo me viene a la cabeza la de aquel personaje cáustico de Cotton Club. «¿A ti cómo te llaman?», le preguntaban en un momento dado. «A mí nadie me llama», respondía. «¿Ni siquiera tu madre?», insistía su interlocutor. «Yo no tengo madre. Me encontraron en un cubo de basura». Justo donde acabaron Los Pocholos. Y veremos si Los Panceta.