Las mujeres en el franquismo sobrevivíamos: una realidad hace 40 años y también ahora
Hablamos con la ginecóloga y activista feminista Rosa Almirall y con mujeres refugiadas en España

Las mujeres en el franquismo sobrevivíamos: la realidad hace 40 años y también ahora
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Barcelona, Segovia
Llega el 8 de Marzo, día de la Mujer Trabajadora, en un contexto preocupante. El discurso de la ultraderecha y los valores que defiende para la mujer avanzan entre los más jóvenes. Paralelamente, las mujeres se van incorporando poco a poco a esa ideología tan opuesta a las políticas de género, según un estudio publicado esta misma semana.
"Convendría que muchas de esas chicas jóvenes hablasen más con sus madres y abuelas", aconseja la veterana activista feminista Rosa Almirall. Ella estudió ginecología al darse cuenta de cómo trataba a las mujeres la dictadura franquista. "Sobre todo su cuerpo, lo veía como reproductor" con una sexualidad "siempre a oscuras". Al preguntarle a Almirall por cómo vivían las mujeres durante el franquismo contesta: "Sobrevivíamos porque no nos dejaban ser", y recuerda: "Necesitábamos permiso para todo, para tener un pasaporte debías solicitar autorización al padre o al marido. Podías ir a la cárcel por adulterio o amancebamiento, o sea, por vivir con quien decidieras".
Un red clandestina para abortar
Rosa Almirall es también pionera en la atención a la salud de las personas trans. Fundadora de Kasa Trans en Barcelona, donde se les brinda atención sanitaria y psicológica, recuerda el tiempo en el que desde el grupo DAIA organizaron talleres de sexualidad: "Las mujeres no sabían ni lo que era un clítoris". Pero lo que más se encontraron fueron embarazos no deseados y mujeres desesperadas por interrumpirlo.
El aborto estaba prohibido y penado, pero todo es cuestión de clase social y dinero. Las clases altas encontraban la manera de practicarlos: Almirall recuerda cómo se organizaban con clínicas inglesas, holandesas o francesas para enviar a mujeres a abortar allí, aunque muchas no tenían pasaporte ni el dinero suficiente para viajar. Por este motivo, "activistas del sur de Francia venían cada semana para practicar abortos clandestinos", cuenta Almirall: "Se organizaban en casas particulares, se la jugaban todas, porque podrían haber ido a prisión".
Al recordar estos tiempos y esa ciudadanía de segunda, esa opresión en la que vivían las mujeres, recomienda salir a manifestarse para no volver a estar nunca más ahí. "La sociedad está anestesiada", dice, porque hemos conseguido muchos derechos, y quizás eso haga que no se valoren. Por eso y por la paz, "porque las mujeres siempre queremos la paz", mañana 8 de marzo hay que echarse a la calle.
Encontrar apoyo en otras mujeres refugiadas


Cuarenta años después de aquella realidad, las mujeres siguen sufriendo violencia por su condición de género y sexo. En Segovia, la organización Accem; especializada en la atención a personas refugiadas e inmigrantes en situación irregular; organiza desde el año 2019 el "Grupo de muchachas", una reunión quincenal donde mujeres refugiadas de diferentes nacionalidades se juntan para llevar a cabo actividades que las ayudan a poner en común sus historias, empoderarse y desahogarse.
Huyen de guerras o de persecuciones políticas, pero también de violencias machistas como la mutilación genital o matrimonios forzados. "Desde una perspectiva de género, hacemos diferentes actividades: charlas, caminatas, relajación... se trata de crear un espacio seguro donde ellas puedan hablar y compartir experiencias sin juzgar a nadie, porque todas han pasado procesos migratorios bastante duros", explica Cristina, trabajadora social de Accem en la fase de acogida.




