El primer francotirador fue realmente un ninja: este es el primer caso registrado
El escritor Antonio Ángel Fernández Rioja ha explicado cuáles eran las verdaderas tácticas de los ninjas a la hora de cometer asesinatos
¿Cómo eran realmente los ninjas?
Madrid
Los ninjas han pasado a la historia como guerreros de élite, aunque en realidad eran especialistas en espionaje, infiltración, sabotaje y, sobre todo, en asesinatos sigilosos. El hecho de no ser vistos lo refleja su propio nombre en japonés, shinobi, cuya traducción es "ocultarse" o hace referencia a quienes actúan con sigilo.
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En SER Historia, Nacho Ares ha contado con el escritor Antonio Ángel Fernández Rioja, autor del libro Ninja: La realidad del Shinobi en el Japón Feudal, quien ha desvelado en el programa de la Cadena SER algunas de las curiosidades más impresionantes sobre los ninjas, como el hecho de que fueron los primeros francotiradores de la historia.
Bajo el criterio de Fernández, "el primer francotirador fue un shinobi". El escritor ha explicado que Oda Nobunaga, un lord japonés que vivió del período Sengoku al período Azuchi-Momoyama, fue víctima de varios ataques a manos de ninjas.
Atentados a distancia
"Este gran lord japonés sufrió dos atentados a manos de los ninjas con un francotirador: en uno no le dieron y en otro le dieron, pero el impacto le dio en la coraza; le hizo herida, pero nada grave", remarcaba Fernández.
En concreto, destaca el ataque llevado a cabo por el francotirador japonés Sugitani Zenjūbō, quien fue contratado por el jefe samurái Rokkaku Yoshikata para asesinar a Nobunaga cuando este intentaba expandir su poder hacia Kioto.
Zenjūbō, para llevar a cabo la tarea, se ocultó al borde de un camino en la montaña mientras Nobunaga, rodeado de escoltas, atravesaba el paso de Chikusa, situado en Tokio, adonde, según se dice, lo había atraído el clan Rokkaku.
Un ataque con arcabuz en el siglo XVI
En el momento en que se disponía a cruzar, Zenjūbō utilizó un arcabuz, un arma formada por un tubo de hierro con culata de madera que se disparaba mediante una mecha y que era letal a una distancia de aproximadamente 50 metros.
Zenjūbō disparó un doble tiro desde más de veinte metros y, aunque logró impactar contra Nobunaga, su coraza lo protegió y el lord japonés regresó sano y salvo al castillo de Gifu. Todo ello ocurrió en el año 1570, casi 300 años antes del nacimiento de la figura del francotirador moderno a mediados del siglo XIX.
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Estas dos emboscadas con ataques de francotirador a distancia que citaba Fernández son un ejemplo de las tácticas que los ninjas llevaban a cabo con armas como el shuriken (estrellas), arcos, lanzas o el propio arcabuz, lo que sostiene la idea planteada por el escritor de que realmente el primer francotirador de la historia fue un ninja.