Cosas que se hacen por si acaso
A la misma hora que veinte pastores evangélicos se reunían con Trump y se ponían a rezar, quizás un puñado de iraníes se juntaban con su líder para rezar en dirección contraria, por decirlo así

Cosas que se hacen por si acaso
El código iframe se ha copiado en el portapapeles
Galicia
A la misma hora que veinte pastores evangélicos se reunían con Trump y se ponían a rezar, quizás un puñado de iraníes se juntaban con su líder para rezar en dirección contraria, por decirlo así. Qué te lleva a rezar en mitad de una guerra se justifica con un razonamiento invencible: ¿y si por casualidad se pierde por no rezar? ¿Quieres arriesgarte a eso? Mejor te curas en salud. La oración es algo que se pone en movimiento por si acaso. Y también porque no cuesta dinero, y no te hace sudar, y no te da gastroenteritis. Hay algo profundamente apacible en ella. Son raros los casos en los que recitas el padrenuestro, o alguna plegaria poco conocida, de autor, mientras le das una patada a una silla, por ejemplo. Obviamente siempre habrá un inconsciente que accione un misil y pida a Dios para que dé en el blanco y aniquile a muchos enemigos, que solo pueden salvarse si a su vez imploran a Dios para que llegue antes su propia bomba. La oración se basa en la presunción de que si la entonas de corazón, y las peticiones están bien formuladas, y parecen razonables y justas, Dios te va a conceder algo a ti y no a otro. Bien pensado, la oración exige cierta soberbia, la de creer que tus deseos, que no pocas veces se oponen a los del resto, serán mejor atendidos. También demanda cierta indiferencia. Después de las oraciones te desentiendes, porque de lo contrario analizarías su eficacia estadística y bien podrías concluir que no merecen la pena. Lo que tal vez aprovecharía el rival para seguir rezando, por si acaso, y ganar la guerra.




