Cuauhtémoc
Además de pedirle perdón a México, habría que darle las gracias. Pues ser mejicano ha sido la forma democrática de ser español. Me refiero al exilio español de la II República

Barcelona
Además de pedirle perdón a México, habría que darle las gracias. Pues ser mejicano ha sido la forma democrática de ser español. Me refiero al exilio español de la II República. A los científicos y científicas, artistas, poetas, profesoras, profesores..., la mejor cultura española, expulsada de nuestro país por los vencedores de la guerra civil, antes de que dichos vencedores se tuvieran a sí mismos por perdedores. Porque, igual que existe el apropiacionismo cultural, hay en nuestras biografías un apropiacionismo histórico. Está en nuestra guerra. No le bastó al bando franquista con vencer, tuvo que hacer ostentación de su victoria, celebrar durante décadas, cada 1 de abril, su desfile de la Victoria. Pero cuando solo tienes la derrota, te quitan hasta lo que has perdido, y así fue; pues, viendo que finalmente los perdedores estaban mejor considerados que los vencedores, y que eran reconocidos en los libros de Historia, los vencedores se lanzaron a apropiarse también del dolor de la derrota, de esa implacable derrota que, día a día, les habían restregado por la cara a los vencidos. ¿Cómo incluir, ahora, entre los perdedores a una clase dirigente que impuso su victoria durante décadas? ¿Cómo considerar perdedores a quienes humillaron impunemente a la mitad de los españoles negándoles hasta el derecho moral de merecer el nombre de españoles? Tuvieron que irse y, a miles de esos exiliados, los acogió con los brazos abiertos el México del presidente Lázaro Cárdenas, y no les pidió que se hiciesen mejicanos, sino que continuasen siendo españoles como en España no les dejaban serlo. Lázaro Cárdenas tenía un hijo de 5 años (que hoy tiene 91 y es una personalidad política), y le había puesto el nombre de Cuauhtémoc, como el último rey azteca, asesinado por Hernán Cortés.




