¿Por qué las mujeres de África querían ser amazonas? Estos eran sus beneficios
Un cuerpo de élite reservado a mujeres que superaban un durísimo proceso de iniciación y que accedían a una vida de privilegios inéditos

Madrid
Durante siglos, las amazonas fueron consideradas un mito. Pero en África occidental existió un ejército real de mujeres guerreras cuya historia está sólidamente documentada y llega hasta finales del siglo XIX. Eran las Agodjié, las amazonas del reino de Dahomey —en el actual Benín—, un cuerpo de élite femenino al que muchas mujeres aspiraban a entrar. No solo por su ferocidad en combate, sino por los privilegios que ofrecía pertenecer a él.
Dentro de la corte de Dahomey existía un ejército profesional exclusivamente femenino, reservado a mujeres que superaban un durísimo proceso de iniciación. "No valía cualquiera", explica el investigador y divulgador Jesús Callejo en el programa Ser Historia. Según relata, el origen de estas guerreras estaría en antiguas cazadoras de elefantes, mujeres que ya habían demostrado su valentía enfrentándose a uno de los animales más temidos de África.
Con el tiempo, el ejército empezó a nutrirse también de mujeres que no querían o no podían casarse. En aquella sociedad, una mujer soltera estaba estigmatizada y los matrimonios eran acuerdos de conveniencia para intercambiar tierras o ganado. "Había mujeres que se resistían a ello y veían en el ejército una salida para tener una vida mejor", señala Callejo.
El propio nombre del cuerpo refleja el estatus que alcanzaron. Agodjié significa "nuestras madres" en lengua fon, un término que revela el carácter sagrado y reverenciado que tenían estas mujeres dentro del reino. No eran solo soldados: formaban parte del entorno más cercano del rey y estaban protegidas por un aura casi religiosa.
El acceso empezaba muy pronto. Algunas niñas ingresaban con ocho o nueve años y se sometían a una disciplina extrema. El entrenamiento incluía lucha cuerpo a cuerpo, una obediencia absoluta al monarca y un periodo de iniciación tan duro que algunas aspirantes no sobrevivían.
Las normas eran estrictas. Las amazonas tenían prohibido casarse, mantener relaciones sexuales o tener hijos. Estaban "casadas" simbólicamente con el rey y formaban, en la práctica, una sociedad secreta femenina. "Si tenían relaciones, no podían quedarse embarazadas, lo que apunta al uso de métodos anticonceptivos", explica Callejo.
A cambio de esa exigencia extrema, los beneficios eran enormes. Las Agodjié vivían en el palacio real, con comida asegurada, alcohol y tabaco, lujos reservados a la élite. Además, tenían poder político: podían sentarse en el consejo real, algo impensable para la mayoría de las mujeres de la época, tanto en África como en Europa.
Incluso los gestos cotidianos marcaban su estatus. Fumaban en pipa —un símbolo de realeza— y practicaban música, canto y danza, además de ejercer funciones ceremoniales. Cuando salían del palacio, una niña caminaba delante de ellas tocando una campanilla para que la gente se apartara y desviara la mirada. Estaba terminantemente prohibido tocarlas.
El privilegio más llamativo era económico. Según el explorador británico Richard Burton, que visitó la región en el siglo XIX, cada amazona podía tener hasta 50 esclavos a su servicio. Un dato que da idea del poder real que concentraban.
Porque, más allá del simbolismo, las amazonas eran decisivas en la guerra. Eran el primer cuerpo en entrar en combate, temidas por sus enemigos y fundamentales en las batallas del reino, incluidas las libradas contra el ejército francés antes de la colonización. "Eso sí —advierte Callejo—, cuando entraban en batalla, mejor no encontrarte con ellas".




