El nuevo formato de Coachella: una experiencia de difícil acceso y un espectáculo para redes sociales
Los festivales de música se están convirtiendo en experiencias de difícil acceso que remiten a la mayoría a disfrutarlo en diferido a través de las redes sociales

Coachella, un nuevo modelo de festival basado en el lujo y la exclusividad
El código iframe se ha copiado en el portapapeles
Este domingo 19 de abril ha terminado el Festival de Música y Arte de Coachella Valley 2026, en California, que lleva activo desde 1999. Las actuaciones de las cabezas de cartel Sabrina Carpenter, Justin Bieber y Karol G han despertado mucho interés entre los asistentes, consiguiendo un aforo de 125.000 personas al día y también a nivel mundial, con millones de espectadores en los canales que ofrecía el festival y en diferido. En total, el evento ha terminado con una recaudación de más de 200 millones de dólares.
Más información
Sin embargo, Coachella, al igual que otros eventos similares, está adoptando un nuevo formato que está cambiando la forma de vivir el festival. Los precios suben cada año hasta llegar a niveles desorbitados, la mayoría de asistentes son celebridades o personas muy adineradas y la música ha pasado a un segundo plano. Lo importante ahora es el contenido que salga de dentro del festival para que lo vean los que no pueden permitirse acudir, priorizando las fotos de los outfits y los vídeos de comida. De esta manera, el festival se ha transformado, no en una experiencia de lujo, pero sí en una reservada a una élite.
Entrada y alojamiento
La entrada general más barata cuesta 550 dólares, y puede subir hasta 1.200 $ con la opción VIP. Una elección muy popular es el paquete de hotel, que incluye la entrada, alojamiento y transporte del hotel al recinto, y que puede oscilar entre los 1.500 y los 5.000 dólares, dependiendo del hotel.
En caso de no elegir un paquete de hotel, está la opción de alquilar un Airbnb, que puede ser de una casa por 2.000 dólares, hasta una pequeña mansión por 100.000 dólares. También hay un gran número de personas que no tiene que pagar la entrada o el alojamiento. Muchas influencers van gratis, invitadas por las marcas que les patrocinan. Por ejemplo, este año las españolas Lola Lolita y Sofía Surfers han ido invitadas por la marca de ropa Guess. Estas compañías les proporcionan unas casas gigantes con muchas habitaciones, donde juntan a todos los influencers a los que patrocinan.
Dentro del recinto: camping y comida y bebida
Si las opciones anteriores le han parecido inalcanzables, también tiene el camping dentro del recinto como alternativa más económica. Aun así, los precios siguen siendo muy elevados. La zona del parking es la manera más barata de alojarse. Por 160 dólares por coche tiene una plaza de aparcamiento donde poder dormir y convivir durante los tres días de festival.
Una tienda de campaña para 2 personas cuesta 690 dólares más los impuestos, según la página oficial de Coachella. También tienen otra opción de tienda de campaña, a la que llaman La Campana, que es más elaborada, con telas más gordas, camas con somier y aire acondicionado, que cuesta unos 3.000 dólares. Y, por último, ofrecen una especie de cabaña de madera, aunque tiene el mismo tamaño que una tienda de campaña, y cuesta entre 2.300 y 3.000 dólares por los tres días.
Estos son los gastos imprescindibles, pero todavía quedan unos cuantos más. Por ejemplo, cargar el teléfono en una estación de carga cuesta 98 dólares al día. Y todavía no hemos llegado a la comida y la bebida.
Cafés por 17 dólares y cócteles a 30 son la tónica habitual durante todo el festival. Los precios de la comida son muy similares, todo cuesta entre 12 y 30 euros; desde un trozo de pizza hasta una ración de paella. Eso sí, ha surgido una nueva moda que está haciendo subir los precios por las nubes, el caviar. Nuggets de pollo con caviar por 100 dólares, y un bocadillo de carne wagyu con caviar 270 dólares.
Otra manera de gastar el dinero es con los reservados que hay cerca de los escenarios, que se venden por entre 40.000 y 70.000 dólares. O por ejemplo, con los puestos de merchandising. Enfrente de los puestos de comida se colocan los puestos de “merch”, donde se puede comprar la ropa de gente y marcas famosas. Como una camiseta con la cara de Justin Bieber por 50 dólares; ropa de la marca GAP; o prendas del propio festival de Coachella.
En definitiva, lo que antes era un festival de música es ahora una máquina de hacer dinero, en la que se prioriza el gasto desorbitado y la creación de contenido para redes sociales.
Otros festivales
Y no son los únicos. Otros festivales como el Lollapalooza o Burning Man o Glastonbury también empiezan a convertirse en experiencias de difícil acceso, que remiten a la mayoría a disfrutarlo en diferido o a través de las redes sociales.
El Lollapalooza es un festival de música indie y rock de los Estados Unidos, que se fundó en 1991. Aunque a día de hoy acoge a músicos y actuaciones de toda clase. Incluso ha llegado a otros países, celebrando eventos en Chile y en Argentina.
Pero ahora hablamos del "Lolla" que se va a celebrar en Chicago entre el 30 de julio y el 2 de agosto de 2026. La opción más barata es una entrada general que cuesta 439 $; una entrada general plus por 789 $; una VIP por 1.749 $; o una Platinum por 4.800 dólares, que incluye comodidades como acceso ilimitado a zonas con aire acondicionado o personal de servicio. También venden un paquete para dos personas llamado "Lolla Insider", que ofrece una experiencia exclusiva por 29.000 dólares.
Además de todo esto, la propia página web te aconseja que los compres ya "antes de que suban los precios". Burning Man, en Nevada, vende entradas que van desde los 500 a los 3.000 dólares, aunque sí que tienen una opción de venta más barata para personas que acrediten que tienen ingresos pequeños.
El festival de Glastonbury tiene un precio que oscila los 400 dólares. Aunque en su caso, se permite la entrada de comida y bebida de fuera, y parte del dinero lo donan a causas benéficas como la ayuda humanitaria en Gaza.




