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Carla Nyman, escritora: "Los incels son el resultado también de un malestar casi esquizoide que vivimos en el siglo XXI, un desencanto profundo"

'El Valle del Silicio' es una inquietante historia sobre incels, inteligencias artificiales y otros fantasmas perversos que habitan Internet. La segunda novela de la escritora y creadora escénica

Carla Nyman, escritora: "Los incels son el resultado también de un malestar casi esquizoide que vivimos en el siglo XXI, un desencanto profundo"

Carla Nyman es escritora y creadora escénica. En 2023 publicó Tener la carne, su primera novela, un thriller almodovariano delirante, con un asesinato, infidelidad, celos, cuerpos y fluidos. En 2024 nos presentó Hysteria, una pieza teatral surrealista, que nos llevaba de viaje al interior del cuerpo y de la psique de una mujer, un descenso a los infiernos del capitalismo y el neoliberalismo. A pocos meses de cumplir treinta años, la palmesana regresa con El Valle del Silicio, editada también por Reservoir Books.

Silicon Valley, también conocido como Valle del Silicio, es la región líder mundial en innovación tecnológica y el hogar de las mayores empresas de tecnología. En la novela de Nyman es el templo de los algoritmos, un mundo donde todo es silencio. No hay hambre, no hay sueño, no hay dolor, no existen ni el tiempo ni la espera. Solo datos y será una vida que valdrá mucho la pena vivir. Así nos la venden.

Cubierta de 'El Valle del Silicio', de Carla Nyman / Reservoir Books

La narradora de la novela es una chica que vive como una miserable, dice, sobrecogida por algunas satisfacciones menores, como las clases de yoga y los torreznos de Leganés, aunque nada le hace feliz. Se ha desacostumbrado a salir, vive encerrada en su apartamento y teletrabaja corrigiendo textos. "Vive en una especia de aislamiento autoimpuesto, una orfandad cósmica, no tiene relación con sus padres y su ecosistema de amistades tampoco está presente, solo se vincula puntualmente con Lady Kombucha, su compañera de trabajo", explica la autora. "Es el caldo de cultivo perfecto para querer dar el salto hacia ese ciberespacio imaginario, hasta el punto de hacer desaparecer su cuerpo".

La narradora tiene un perro, de nuevo un perro en una obra de Nyman, y muy filosófico. Averroes le anima a que socialice, a que busque individuos que hagan posible el diálogo. "Representa el mandato, la autoridad. También es un poco esa voz juiciosa, introyectada en la protagonista, ya que no tiene padre ni tiene madre, Averroes casi la monitoriza o teledirige".

La protagonista refresca la web varias veces al día, un poco obsesionada con buscar nuevas interacciones. Al principio conversa con un bot, un programa informático que entiende que ella quiere un cambio de vida: le recomienda la desactivación de las cuentas en redes sociales, las tarjetas de crédito y la destrucción total de sus posesiones. Nyman es de 1996, pertenece a la Generación Z, esos nativos digitales que se han criado con un acceso libre y total a Internet. Una generación, advertía también la dramaturga Berta Prieto en La Hora Extra, cada vez más nihilista y preocupada por generar nuevas narrativas constantemente para vender un relato, por cómo se cuentan las cosas que por la cosa en sí".

¿Cómo ha marcado Internet la identidad de estos hijos de la web? "Es una red de comunicación a escala planetaria, lo que te permite acceder a muchísima información hasta el punto de intoxicarte, que ahí es donde empieza la parte más perversa. También ocurre que en Internet nos relacionamos públicamente muy distinto a como nos relacionamos en otras esferas. Supone casi un espejo de nuestro propio narcisismo, porque cierra mucho nuestra identidad, construye identidades muy monolíticas, las refuerza hasta el punto de que no nos permite esa porosidad, esos agujeros identitarios, que justamente permiten la fricción, la negociación con el otro, el diálogo", cuenta la aún veinteañera.

Carla Nyman / Bernardo Díaz

La protagonista va entrando poco a poco en el hoyo de Internet, navegando por páginas y foros llenos de incels, una comunidad de hombres con un odio natural hacia las mujeres, con discursos heridos y demandantes, explica en la novela. "Estuve leyendo mucho Reddit, estuve en varios foros, viendo muchos vídeos de YouTube, muchos de ellos están cancelados, con incels hablando de su experiencia vital y de su misoginia y odio hacia las mujeres. Sienten que son una especie de error biológico. Me resultaba interesante hacer toda esa investigación, tremendamente oscura, para ver de qué manera todas estas personas son el resultado también de un malestar que estamos viviendo, casi esquizoide, en el siglo XXI. Una sensación de desencanto profundo".

Discursos perversos e inflamados que a Carla, como mujer, le perjudican, advierte, aunque ha intentado comprender cómo es una manera de subsistir o de reencantar el mundo. La narradora de la novela empieza a dialogar con un tal Samuel Pearce, un ente que vive en Internet. "No sabemos si es un señor, si es una inteligencia artificial (IA), si es un incel o un Llados Fitness".

Para la construcción de la novela, Nyman quiso conocer cómo funciona una IA y tuvo alguna conversación con ellas, "para ver qué tipo de patrones o qué tipo de algoritmos utiliza a la hora de generar vínculos interpersonales o interespecie con un humano, en mi caso una humana. Y hay algo peliagudo en todo esto, porque no nos olvidemos que es una empresa y las empresas tienen fines comerciales, publicitarios. Siempre hay un entramado que está urdido desde esas prácticas de poder, o de vigilancia o de extracción de datos. Y es lo que le pasa a la protagonista, nunca sabe si está metida en una estafa, sin embargo, esa estafa le da cierta compañía. Es una sustitución compensatoria de su soledad".

La conversación con Samuel Pearce, que escribe con faltas de ortografía, empieza a evolucionar. Cada vez se vuelve más demandante, manipulador, chantajista. "Eres una pedazo de zorra hipertextualizada", le dice. Luego se disculpa. Un maltratador de manual, vaya.

Hay otra reflexión muy interesante en la novela y muy contemporánea también. Recientemente hemos visto a señores como Putin y Xi Jinping coqueteando con la inmortalidad y la idea de vivir hasta 150 años. Con este asunto comienza El Valle del Silicio: "Pronto podría sumergir mi propio cuerpo en nitrógeno líquido y esperar a abrir los ojos en un mundo desconocido y perfecto, donde no se pudiera emprender ninguna acción legal contra mí en virtud de ninguna ley. Hasta que volviera a la vida dentro de 300 años, momento en el que mi nombre e identidad habrían prescrito".

Pero más adelante leemos que "unos sueñan con hibernar hasta alcanzar la inmortalidad y otros con calentar la atmósfera unos grados, derritiendo el permafrost, liberando virus y bacterias milenarias hasta aniquilar la biomasa terrestre al completo. Solo varía la dirección del delirio". "La inmortalidad es un delirio de omnipotencia brutal, pero también de invulnerabilidad, como si pudiésemos rebasar los límites humanos, salir de la mediocridad mundana, poder auto optimizarnos y auto mejorarnos", explica la escritora.

"El transhumanismo, la criogenización y todo este tipo de recursos son el resultado, básicamente, de un miedo profundo a la muerte y a la disolución del yo. Leyendo mucho a Emanuele Coccia en este último tiempo, creo que hay algo profundamente hermoso en pensar que el yo está constantemente disolviéndose, agujereándose con otro tipo de entidades, otro tipo de materialidades y que la muerte tampoco tiene que suponer un terror terrible, sino un nuevo apartado, porque al final es que estamos hechos de los mismos materiales y minerales que la corteza terrestre. Somos minerales erguidos en dos patas, así que hay algo optimista en pensar que no somos tan importantes, somos materia".

Hysteria, de Carla Nyman. Un chequeo médico a los males del neoliberalismo y el capitalismo

A pesar de toda esta profunda investigación, un descenso al averno de Internet, Carla Nyman es optimista con el futuro. Como lo es la escritora Rebecca Solnit o Sara Barquinero, amiga de Carla Nyman y a quien menciona en los agradecimientos. "Todas hemos pasado por relaciones verticales y totalmente abusivas que perturban la biografía de una, como cuenta Sara en La chica más lista que conozco". Nyman no hubiera podido construir a Samuel Pierce sin ese profesor de Literatura que le arruinó la post adolescencia, confiesa.