Un árbitro ACB señala el gran cambio que ha vivido durante dos décadas de baloncesto español: "Han progresado muchísimo"
Benjamín Jiménez, que se retira del arbitraje español en esta temporada, repasa su carrera en 'Play Basket'

Un árbitro ACB señala el gran cambio que ha vivido durante dos décadas de baloncesto español: "Han progresado muchísimo"
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Benjamín Jiménez ha colgado el silbato. Tras más de 20 años en ACB y más de 600 partidos, el árbitro español dice adiós a la élite. "Estoy en paz", confiesa en Play Basket. Aunque su camino ha sido más bien tortuoso. Una rotura del tendón de Aquiles le puso frente a una posible retirada que ha llegado años después, cuando la rodilla, aquella que se lesionó —se rompió el cruzado— cuando jugaba al baloncesto de pequeño, le volvió a dar guerra. "Ya estaban poniendo en riesgo mi salud para una vida rutinaria... y te lo tienes que pensar seriamente", explica en los micrófonos de la SER.
Esos dolores no le han quitado ni el más mínimo amor a la pelota naranja. "Es imposible dejar algo que ha nacido contigo", dice. De hecho, ahora sigue vinculado al baloncesto porque está actualmente trabajando con la Federación, pero con la particularidad de que va a dejar de perderse eventos familiares, cumpleaños y citas personales que hasta ahora eran una quimera para alguien que todos los fines de semana estaba viajando. Y es que la vida del árbitro es igual de exigente que la de un deportista de élite. Su lesión en el Aquiles le dejó secuelas que acabaron machacando su rodilla, pero eso le ayudó a hacer clic en su cabeza.
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Pasó de no disfrutar en la pista a disfrutar de cada detalle. "En los cuatro partidos que arbitré en noviembre, fui a disfrutar de todo al máximo. Ir a almorzar con los compañeros, darme un paseo por la ciudad, ir más disfrutón a arbitrar. El subconsciente notaba que algo se estaba cerrando", reconoce.
Su pesimismo se convirtió en gozo. En parte porque el baloncesto le ha dado mucho: buenos amigos y grandes compañeros. Sin ir más lejos, cuando Benjamín Jiménez publicó el comunicado de su retirada, recibió muchos mensajes, algunos de ellos de entrenadores con los que no ha tenido tanta relación. El que más recuerda es el que le mandó un entrenador ACB con el que ha ido de la mano, de la LEB 2 a los 21 años que han coincidido en la máxima categoría. "Al final estamos en una pista y estamos cada uno haciendo nuestro trabajo, dentro de nuestras tiranteces. Somos compañeros de profesión y forman parte de tu día a día de trabajo. No quiero que me recuerden como un buen o mal árbitro, sino que me recuerden como alguien que intentaba hacer fácil el trabajo a todos. A mí, a mis compañeros y jugadores y entrenador".
También, durante estas dos décadas, no ha parado de explicar a amigos de su pueblo Puerto Real (Cádiz) que él no iba de turista a los partidos. Allí no entendían que sus viajes por todo el mundo eran por y para el baloncesto. "Me hace mucha gracia porque me dicen que conozco Moscú, Turquía... Yo les digo que conozco aeropuertos, hoteles y pabellones", bromea. "Amigos se escandalizan, que cómo que no vemos la ciudad", sigue. Y es que los árbitros están en una vorágine de partidos de la que es difícil salir. Su día a día muchas veces no se ve: "Nadie se puede imaginar el trabajo que hay antes y después".
El ya exárbitro detalla en Play Basket cómo preparan cada choque: desde un scouting de cada equipo a una puesta en común previa al llegar a la ciudad del partido, pasando por un repaso de toda la documentación pocas horas antes del salto inicial. Después del duelo hay una reunión con técnicos ACB y el miércoles siguiente se hace otra reunión común con todos los árbitros. "Eso sin contar la preparación física. Yo tengo mi preparador, fisioterapia, psicóloga deportiva... Y eso completarlo con Euroliga", añade. Una preparación constante a la que se suma la evolución en el baloncesto que ha ido viviendo durante dos décadas de trabajo.
Además del instant replay, que se instauró al poco de su llegada a la ACB, a Benjamín Jiménez le impresiona cómo ha cambiado la velocidad del juego y cómo han mutado los jugadores. Sobre todo en lo físico. "Si te fijas ahora, cada vez hay más espacio y hay más lanzamientos tres puntos, eso es producto de que los jugadores grandes tiran mejor de fuera también. Eso se nota también en el juego", destaca. Algo que ha vivido de cerca en partidos de alto nivel como algún Panathinaikos-Olympiakos que ha tenido que pitar y también en partidos donde dos equipos se juegan el descenso, en los que, paradójicamente, la complejidad crece. En partidos de megaestrellas, pese a que la trascendencia se multiplica por mil, es "más fácil adaptarse" porque los jugadores son "más disciplinados", mientras que en los más humildes el nerviosismo de la cancha sube la presión al árbitro.
En su recuerdo quedarán aquellas semifinales entre el Madrid de Ettore Messina y el Baskonia de Dusko Ivanovic, así como la final de Copa de Badalona entre Tenerife y Unicaja. El primero lo tiene "marcado a fuego" por lo difícil que fue, y el segundo (la final de 2023) por lo reconfortante que fue volver de la lesión. "Venía de la Copa de 2019, que fue famosa por desgracia y lo pasé bastante mal... y me quité esa mochila que llevaba encima", confiesa el árbitro. Una mochila donde tampoco se lleva estar en unos Juegos Olímpicos, pero no le importa. "Me siento un privilegiado", admite. Algo así debió de pensar su hija Elena cuando Benjamín le confirmó que se retiraba. "Me dijo que le daba pena, pero que se alegraba porque íbamos a tener más tiempo".


Íñigo Renedo
Redactor de deportes en la Cadena SER que también forma parte del programa de música indie 'Fuego y...




