Sandro Veronesi, escritor: "La administración Trump es completamente fascista, con la cantidad de vidas que han dado para luchar contra el fascismo"
'Septiembre negro' es el nuevo libro del periodista y ensayista. Un viaje al verano de 1972 en Italia, a caballo entre lo histórico y la novela de iniciación, bajo la mirada de un niño de 12 años que descubre un nuevo mundo
Sandro Veronesi, escritor: "La administración Trump es completamente fascista, con la cantidad de vidas que han dado para luchar contra el fascismo"
Sandro Veronesi es uno de los mejores novelistas italianos, además de un destacado ensayista y periodista. Ha ganado dos veces el Premio Strega, por Caos calmo y El colibrí, las dos editadas por Anagrama en España. Septiembre negro es su última novela, también publicada en catalán por Periscopi. Año y medio después de su publicación en Italia, el escritor ha pasado por Barcelona para presentar la novela.
Veronesi nos escucha desde Ràdio Barcelona y no nos estamos viendo las caras en esta entrevista, solo oímos nuestras voces. En Septiembre negro leemos que "el problema de escuchar a escondidas es que oímos lo que las personas se dicen, pero no las vemos cuando lo dicen y podemos llamarnos a engaño". ¿No es esta la magia de la radio o era la magia de la radio antes de la llegada del vídeo, hablar y escuchar sin ser visto? El protagonista de la historia es un gran oyente de radio en los años setenta. Gigio Bellandi, un niño de 12 años, en el verano de 1972.
Cubierta de 'Septiembre negro', de Sandro Veronesi / Anagrama
Gigio descubre que su madre lo espía y decide espiar también a sus padres. ¿Saben más los niños de lo que pensamos? ¿Se dan cuenta de todo, todo lo oyen, son buenos espías?
Sandro: Sí, es cierto, los niños saben más de lo que pensamos porque nos espían. Y nosotros, a su vez, de niños, hemos espiado a nuestros padres. Pero ese no es el problema. El problema es que los padres solemos esconder cosas a los niños y los niños las descubren y descubren otro mundo dentro de su mundo. Y en esto me gustaría citar una frase muy bonita de Paul Éluard que dice con precisión que hay otro mundo, pero está dentro de este mundo. Y eso es lo sorprendente, que sean los padres los que esconden las cosas, no los niños los que las encuentran.
Este niño escucha en bucle The Cat, de El increíble Jimmy Smith. ¿Es una canción que a ti te ha marcado o es una excelente introducción a la música de aquellos años?
Bueno, es una introducción para Gigio a la música de aquellos años, que fue formidable. Los 70 produjeron una cantidad de música al más alto nivel que nunca se ha repetido. Tenía que hacerlo. La elegí porque quería que su padre lo introdujera en este mundo, aunque en aquella época este tipo de música excluía por completo la relación entre padres e hijos. Esa música de los 70 fue la puerta de entrada para que millones de niños salieran de sus familias, porque sus padres consideraban que esta música era ruido.
Y a este niño, su padre le regala un vinilo de 45 revoluciones por minuto y se lo compra porque ve escrito en la portada que es el tema principal de un programa de radio que se llamaba "Para vosotros, jóvenes". Así que pensó que sería bueno para su hijo, abriéndole la puerta al fantástico Jimmy Smith y su órgano eléctrico, el Mellotron, que fue uno de los innovadores de la música.
David Bowie, Led Zeppelin, Cat Stevens... son muchos los discos y canciones que escucha este chaval. Cuando los niños de hoy escriban sus memorias, dentro de 50 años, ¿la banda sonora de esas novelas será música latina y urbana, reguetón? ¿es más o menos formidable que la de los 70?
Tengo dos hijos adolescentes, uno que tiene más o menos la edad de Gigio Bellandi, y también escuchan música de hace cincuenta años. A veces se topan con Lucio Dalla, que es un cantautor italiano muy famoso para mí, pero que ha muerto. O David Bowie, Bruce Springsteen, o incluso cantantes o grupos secundarios, extraños de los 70, que, por alguna razón, el algoritmo de TikTok se lo propone a los niños de hoy. Esa es la gran diferencia, que los niños de hoy también escuchan la música de sus padres y nosotros no escuchábamos en absoluto la música que escuchaban nuestros padres. Era otro mundo.
Este niño nació el 12 de marzo de 1960, luego ya sabemos que no eres tú, pero ¿cuánto tiene de ti? Recordar, al protagonista, le ha ayudado a ver mejor el niño que fue. ¿También has conectado con el niño que tú fuiste?, ¿ves mejor hoy tu infancia a través de los ojos de este narrador?
No, en el sentido de que no trabajé en mí mismo, trabajé en todo lo que me rodeaba en esos años, usé ese contexto y ese marco para poner una historia inventada. Gigio es mucho más precoz que yo y a esa edad yo no tenía ninguna relación con ninguna chica. Ni siquiera lo pensaba. Pero es algo que también me podría haber pasado a mí. Y me gustaría responder a esta pregunta con lo que le dijo John Gardner al joven Raymond Carver, cuando Carver era uno de sus alumnos en la escuela de escritura creativa. Le dijo: Recuerda, tú no eres tus personajes, ellos son tú. Así que no soy Gigio Bellandi, pero Gigio Bellandi es yo.
El narrador intenta recordar, "si no con la memoria, que ha olvidado algunas cosas, al menos mediante una reconstrucción histórica". ¿No es toda memoria ficción, una reconstrucción histórica al final?
La reconstrucción histórica es algo muy diferente y también mucho más preciso que la memoria. La memoria es un engaño. Muy a menudo modificamos nuestros recuerdos. Pensamos que recordamos algo, pero en realidad lo inventamos a medias. La reconstrucción histórica, por otro lado, si se hace correctamente, nos devuelve a los datos objetivos y para reconstruir este contexto que conocí en esos años, teniendo la misma edad que Gigio Bellandi, sin embargo, tuve que actuar como historiador, tuve que recurrir a soportes y fuentes objetivas, las películas de Super-8 que hacía mi padre en la playa, o las fotos familiares, o las fotografías antiguas y las noticias antiguas de los periódicos semanales. Porque mi memoria era otra, estaba muy distorsionada y, por lo tanto, se puede decir que se trata una novela medio histórica.
Recoges hechos históricos de aquel verano, como el ataque terrorista del grupo Septiembre negro en los Juegos de Múnich de aquel 72. O el Caso Lavorini, el secuestro de un niño de 12 años, por motivos políticos, pero que se intentó ocultar bajo una falsa trama de pederastia, acusando a todo hombre que tenía relaciones homosexuales. ¿Tiene algo de novela histórica también?
Recuerdo lo que influyó el Caso Lavorini, provocó que todas las madres ya no dejaran que sus hijos fueran solos al pinar a jugar al fútbol, algo que, por otro lado, pudieron hacer el año anterior y el año después. Pero como este pobre chico acababa de ser secuestrado en el pinar, ya no era posible. Fue un hecho histórico que ha pasado a la memoria y a la vida privada de millones de niños italianos.
Y lo que da título a la novela fue un trauma colectivo, la interrupción de los Juegos Olímpicos a causa de este ataque terrorista, que fue la primera gran acción terrorista real a nivel mundial, supuso un trauma colectivo. Porque hasta entonces, en resumen, era un mundo ingenuo, había guerras, pero era impensable que unas Olimpiadas pudieran ser el escenario de un ataque tan sangriento. En la escuela, ese año, me enseñaron que en la antigua Grecia, durante las Olimpiadas, había una tregua, las guerras no se libraban durante tres o cuatro días, se suspendían las guerras e íbamos a disputar las competiciones atléticas. Estas Olimpiadas fueron las primeras que pude seguir, tenía 13 años, y fue un golpe, más allá de la violencia, que nos mostró la idea de que el mundo es frágil. Un año más tarde, se produjo la crisis del petróleo, también como consecuencia de aquello, y se tradujo en no poder coger el coche y tener que ir a pie. Un verdadero trauma, pero también el descubrimiento de otro mundo dentro del mundo.
A propósito del caso Lavorini. ¿Hoy no pasa lo contrario? Una trama de pederastia que se intenta ocultar con una política salvaje, bombardeando países.
Bueno, eso es algo que salió a la luz más tarde, muchos años después. Resultó que había un complot político que tenía como objetivo desacreditar totalmente a una ciudad que estaba gobernada por comunistas. Era una ciudad, Viareggio, de gran turismo, que albergaba hasta un millón de personas en verano. También era una ciudad muy dinámica y glamurosa, y el hecho de que de repente se hubiera convertido en una especie de guarida de pederastas o de pedófilos convirtió a esta ciudad en una especie de espantapájaros para todos. Tiene una gran playa, toda la costa es muy hermosa, eran los años dorados de a vida noctura, había lugares a los que iban a tocar los grandes cantantes y músicos de jazz y, sin embargo, se intentó hundir esa reputación con un golpe de oscuridad que cambió un poco la percepción de ese lugar, como si fuera un refugio de la pedofilia.
Por cierto, Giotti, el tío de este chico, escapó a Estados Unidos huyendo de Italia fascista por ser anarquista. Los americanos consideraron subversivas sus actividades políticas y también fue encarcelado. Esto hace 50 años, ¿cómo estamos hoy en Estados Unidos y en Europa, en Italia, con el fascismo en auge?
Creo que estamos cerca del fascismo en Italia, pero están más cerca del fascismo en Estados Unidos. Yo, por ejemplo, he tenido la amabilidad de rechazar una invitación para unas conferencias en Estados Unidos, porque no es un país que dé garantías a un europeo que llegue allí, baje del avión y, por alguna razón, sea detenido en un centro de inmigrantes, como le ha sucedido a tanta gente. Y, para mi gran sorpresa, porque nunca pensé que llegaría a decir algo así, Italia tiene a los nietos y bisnietos del fascismo en el poder. Pero no ocurre lo que ocurre en Estados Unidos, que deberían ser antifascistas, aunque solo sea porque han dado la vida muchísimos miles de niños y jóvenes para luchar contra el fascismo. Sin embargo, me parece que los métodos que utiliza esta administración son completamente fascistas.
Sandro Veronesi / Johanna Marghella
Septiembre negro es una novela de iniciación, de las primeras veces. El primer amor, el primer beso, el descubrimiento del sexo... y hay un párrafo que me ha gustado mucho: "sabemos perfectamente cuándo hacemos las cosas por primera vez, pero no tenemos ni idea de cuándo las hacemos por última. Por eso siempre guardamos un recuerdo casi sagrado de las primeras veces, mientras que las últimas, si es que las recordamos, nos llenan de pesar y de remordimiento."
¿Hay nostalgia o melancolía en esta historia y recuerda Sandro cuándo dejó de jugar, esa última vez? Este niño está en ese momento en el que jugar no le gusta tanto, aunque no deja de gustarle. Un momento que creo que ninguno recordamos.
Esa es la cosa, si echo la vista atrás, puedo recordar varias primeras veces con mucha precisión, pero recuerdo muy pocas últimas veces porque en ese momento no sabía que era la última vez y por eso no lo grabé en mi memoria. Eso le pasa a todo el mundo, pero yo soy romántico por naturaleza y, por lo tanto, para mí son más importantes las últimas veces que las primeras veces, la puesta del sol es más importante que la del amanecer. No es nostalgia, sino casi una forma de arrepentimiento o arrepentimiento histórico por el hecho de que el tiempo fluye en una sola dirección y no hay forma de volver atrás y decir: Ah, pero si hubiera sabido que fue la última vez, habría hecho algo diferente. No se puede. Sin embargo, cuando sabes que es la primera vez, tal vez sientas ansiedad, quizás tengas miedo, pero sabes que es la primera vez y te concentras en esa primera vez. Yo prefiero prefiero actuar como si todo fuera la última vez.
El niño se enamora de Astel, una chica racializada y vecina de sombrilla en la playa. Dos preguntas. ¿Es la verdadera protagonista de esta historia, como advierte el narrador al principio? Y ¿hay que tomarse en serio, muy en serio, los amores a esa edad?
Debemos tomarnos en serio el amor de los adolescentes y de los niños, porque al final de la novela hay un descubrimiento bastante impactante sobre la hermana de Gigio, de siete años. Lo recuerdo muy bien. Estuve muy enamorado en la escuela primaria, entre los 6 y los 10 años, de una niña con la que creo que ni siquiera he hablado. Una niña que tenía un ojo vendado, porque tenía que entrenar al otro, que era un poco vago, como se dice en Italia. Y un día desapareció porque su familia se mudó a otra ciudad. El sufrimiento que experimenté cuando descubrí que nunca la volvería a ver es una de las cosas más duras y fuertes que recuerdo. Nadie lo sabe, mis padres no podían imaginarse lo triste que estaba. Un niño es capaz de sentir la misma cantidad de amor que un adulto, a veces incluso más. Estamos hablando de los padres que, cuando hacemos una mudanza, no nos planteamos el problema de que a lo mejor nuestro hijo o hija está enamorado del vecino y el hecho de que no lo vuelva a ver lo hace sufrir. Lo subestimamos. Pero así son las cosas y, a esa edad, no hay espacio para experimentar el amor de verdad. Creo que solo hablé con esta niña una vez, pero el solo hecho de verla, saber que estaba allí, me daba alegría y eso es una forma de amor, quizá la más grande. Ahora que soy padre, que tengo cinco hijos y los veo dar la vuelta al mundo, saber que están ahí me basta para sentirme feliz. No es necesario que estén ahí todo el tiempo. Esa forma de amor es muy similar a la de cuando era niño. Y Paola, se llama Paola Miglietta, el simple hecho de estar ahí con ese parche en el ojo me hacía sentir mejor. Pero fue un amor profundo y nunca lo volveré a tener. Nunca he vuelto a ver ni saber nada de esta niña y tal vez no la reconocería, porque tenía siete u ocho años. Pero no creo que sea una excepción. Creo que todos amamos con fuerza de jóvenes, muchas veces sin posibilidad ser entendidos, comprendidos o ayudados. Estamos solos ante este misterio que es el amor.
Esta chica es racializada y su madre, sobre todo, sufre el racismo. Tiene un ensayo sobre migración y racismo, un asunto que también aparece en esta novela. Más de mil personas han muerto en el Mediterráneo en lo que llevamos de año, un récord terrible, mientras Europa endurece sus políticas migratorias. Un debate muy encendido aquí en España, también. ¿Qué nos pasa?
Ah, no lo sé. Querremos que se nos recuerde en los libros de historia como la generación cruel, la que decidió dejar morir a las personas que andaban por ahí en peligro, corriendo enormes riesgos para buscar una vida mejor, como lo hemos hecho los europeos, los italianos y los españoles durante siglos. La historia del hombre es la historia de la inmigración. Estoy en España, en Barcelona, la última vez que estuve aquí conocí a Òscar Camps, que es una de las esperanzas del Mediterráneo porque, a pesar de todas las trabas que le ponen, sigue salvando a gente, a hombres y mujeres en el Mediterráneo. Es increíble que haya organizaciones sin ánimo de lucro, como Open Arms que empezó otra misión ayer, que salven a la gente, porque los gobiernos impiden la Guardia Costera hacerlo. La Guardia Costera tiene la obligación de salvar a las personas y en Italia siguió haciéndolo hasta en los momentos más feroces de Salvini. Pero no podía decirlo, hacían creer que los dejaban morir. ¿Qué horror es esto? Son soldados que han hecho juramentos y han dicho alto y claro que nosotros, el pueblo, los salvaremos. El Salvini les dijo que siempre y cuando no lo digáis.
Entre esas primeras veces, la llegada del color a la televisión o el descubrimiento de la pornografía, que cuenta en el segundo capítulo. Al final de la novela el narrador dice que su infancia hubiera sido bien distinta con teléfonos móviles. Para bien, por poder comunicarse con suena enamorada, pero en este caso, el de la pornografía, para mal, los niños a esa edad o incluso antes reciben porno en sus móviles. ¿Es este un asunto que también preocupa en Italia?
Preocupa el hecho de que estos dispositivos estén tan extendidos entre los menores de 14 años. Tengo un hijo de 13 años y medio, hemos puesto el control parental y, por lo que sé, no puede ver pornografía libremente, pero veo que sabe más que yo sobre el manejo de estas herramientas, por lo que creo que, si realmente quiere, puede eludir este control parental.
Lo que espero es que experimente la pornografía con el mismo encanto y asombro con que la viví yo, aunque cuando era niño, la pornografía era realmente algo muy difícil de encontrar. Tenías que entrar a una tienda y pedir una revista, nadie se atrevía, así que tenías que esperar a que alguien la consiguiera. El hecho de que lo lleves en el bolsillo, por supuesto que es un peligro, pero la Unión Europea ha avanzado. Ahora se va a lanzar una aplicación que garantiza la edad antes de entrar en ciertos sitios y, si no se garantiza la edad mínima, no te permitirá entrar en ellos. Y este no es un discurso que pueda recaer exclusivamente sobre los hombros de la familia. Debe haber un marco regulatorio que impida ciertas cosas, porque no siempre puedo estar cerca de mi hijo. Puede ir a casa de un amigo que no tenga el control parental. ¿Cómo lo haces? Lo importante es que no crezcan pensando que eso es el sexo, que esa es la relación entre hombre y mujer. No sé cómo protegerlo. Mi hijo se da cuenta de este peligro, pero el marco regulatorio aún está muy atrasado.
Hay dos hechos traumáticos que marcan Septiembre negro. Del primero ya nos avisa el protagonista en la primera página, algo va a ocurrir ese verano de 1972 que lo cambia todo, que rompe la felicidad y seguridad de este niño, que deja de sentir que sus padres son guardianes de su tranquilidad. Un misterio que aporta tensión a esta historia contemplativa e inmersiva.
El segundo sucede en 1999, para enseñarnos que la lentitud nos salva, la velocidad puede hacer que lo perdamos todo. Una novela para disfrutar con calma, llena de detalles y sin aburrir en ningún momento al lector, que era uno de los grandes miedos del autor. Escucha toda la entrevista con Sandro Veronesi dándole al play y en tu plataforma de audio favorita.