Rita da Costa, traductora: "La IA empobrece el contenido, construye textos baratos"
La traductora impulsa un sello de "traducción humana" para exigir transparencia a las editoriales y frenar el uso de inteligencia artificial en la literatura
Radio Lindo | Los traductores y la Inteligencia Artificial
Madrid
La traductora literaria Rita da Costa presenta en La Ventana una iniciativa que apunta directamente al corazón del sector editorial, un sello que garantice que los libros han sido traducidos por personas. La propuesta, impulsada por ACE Traductores, busca algo tan básico y tan poco habitual, denuncia, como la transparencia.
Da Costa tiene un mensaje claro: "La IA no puede traducir literatura". Y remata que, a pesar de que la llamamos inteligencia, "sólo es un barajante de datos". Para la traductora, el resultado es evidente: "Genera textos planos, sin matices, que empobrecen la obra original".
Un sello contra el "gato por liebre"
La iniciativa nace como una campaña de concienciación para que el lector sepa qué está comprando. Da Costa insiste en que el objetivo es evitar engaños: "Queremos que no nos den datos por libros". Es decir, que el público pueda identificar si una obra ha sido traducida, ilustrada o maquetada por inteligencia artificial, total o parcialmente.
El sello, explica, aspira a convertirse en un distintivo visible y prestigioso dentro del libro, una garantía de calidad. Ya cuenta con el respaldo de autores como Rosa Montero, Irene Vallejo o Lorenzo Silva.
Da Costa pone el foco en una práctica cada vez más extendida, la posedición. Consiste en revisar traducciones generadas por IA, pero cobrando menos que por una traducción original. "Es más difícil arreglar una mala traducción que traducir desde cero", afirma. Y añade que ese supuesto ahorro "no abarata el libro, solo aumenta beneficios a costa de precarizar el sector". La traductora tiene claro que si su trabajo se reduce a eso, se planteará abandonar la profesión.
Errores que delatan a la IA
Como ejemplo, menciona el caso de la editorial HarperCollins, que utilizó inteligencia artificial para traducir una novela. Los fallos "garrafales", según da Costa, provocaron la reacción de los lectores y obligaron a la editorial a reconocerlo.
Para ella, hay señales claras de alerta: "Si el nombre del traductor no aparece, desconfío". Y subraya la importancia de visibilizar la autoría de la traducción como parte esencial del libro. Más allá de la tecnología, da Costa denuncia una situación estructural: las tarifas llevan dos décadas estancadas y en España se cobra hasta la mitad que en otros países europeos. "Depende del idioma, en nuestro país es entre 12 y 16 euros la página". Traducir una novela de 300 páginas implica semanas o meses de trabajo sin descanso y con calendarios cada vez más ajustados.
"Solo puedes estar con una traducción a la vez", explica, lo que obliga a muchos profesionales a compaginar varios trabajos para sobrevivir.
Traducir es crear
Frente a la automatización, da Costa reivindica el valor creativo del oficio. Recuerda que la IA no entiende ironías, dobles sentidos ni juegos de palabras. "No piensa", insiste. Y advierte de otro problema: sus sesgos, el coste medioambiental y su tendencia a "robar" traducciones humanas ya existentes para aparentar calidad.
La asociación mantiene conversaciones pendientes con instituciones y editoriales para implantar el sello. No hay fechas, pero sí la urgencia de proteger el valor cultural de la traducción frente a una tecnología que, según da Costa, amenaza con vaciarla de sentido.