Se pudo evitar el fraude de las pulseras
"Para evitar que los consumidores puedan resultar engañados o dañados en su salud (algunos de estos productos milagro pueden menoscabar seriamente la salud de quienes los usan) haría falta: por un lado, una modificación sustancial de la norma que los regula (Real Decreto 1907/1996, de 2 de agosto, sobre publicidad y promoción comercial de productos, actividades o servicios con pretendida finalidad sanitaria) pues es evidente que no ha cumplido con el objetivo para el que fue creada. La existencia de esta norma no ha evitado, por ejemplo, la venta masiva de esas pulseras. Por otro lado, hace falta un compromiso mayor de todas las administraciones públicas con competencias en materia de consumo, debe existir una mayor vigilancia del mercado, una actuación más rápida y coordinada de todas esas administraciones y la imposición de sanciones ejemplares contra las empresas que promocionen y vendan este tipo de productos. En materia de productos milagro, esas sanciones, en multitud de casos, ni siquiera pueden hacerse efectivas pues las empresas desaparecen con facilidad. Si se ratifica como engañosa la publicidad emitida para la venta de las pulseras por apelar a supuestas ventajas para la salud de los portadores de las mismas cuando no era cierto, entendemos que sería factible el inicio de un procedimiento para recuperar las cantidades invertidas, pero ¿a cuántos consumidores vamos a convencer para que inicien acciones si los daños económicos son simplemente (salvo que se pudieran demostrar otros) el valor del producto adquirido?
5) Rubén Sánchez, portavoz de FACUA.
"¿A quién le extraña que este fraude sea perpetuo?"
Creas un producto (almohada, pulsera, collar, plantilla, yogur...), te inventas que tiene poderes milagrosos, compras a uno o unos cuantos famosos que avalen el cuento y te forras. En eso consisten los productos milagro. Da igual que detrás esté un empresario del montón con ganas de hacer dinero rápido o una gran multinacional. El truco: que la protección a los consumidores en España es un auténtico cachondeo. Las autoridades (in)competentes parece que viven en la inopia o que se toman a broma las denuncias que planteamos las asociaciones de consumidores. Y o no actúan, lo hacen tarde y con multas tan ridículas como los 15.000 euros que Andalucía impuso a Power Balance. Así, ¿a quién le extraña que el fraude sea perpetuo?.




