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El tesoro de Guarrazar

Ocultado a principios del siglo VIII, apareció de forma casual en 1858

El 24 de agosto de 1858 se comienza a escribir una de las historias más oscuras de la arqueología española. Después de una tormenta, mientras regresaba de Toledo, una joven, de nombre Escolástica, decide apearse de su montura junto al camino que une la capital manchega con el pueblo de Guadamur (Toledo). Allí, producto del corrimiento de tierra producido pocas horas antes por las aguas, hay algo que brilla. Al acercarse, Escolástica descubre una urna de hormigón de gran tamaño, 70 por 70 cm y 1,6 m de alto, en donde hay objetos preciosos. El sueño de encontrarse un antiguo tesoro musulmán, que tantos toledanos han tenido en innumerables ocasiones, parece convertirse en realidad.

La joven sabe que no son simples piezas. Ella es estudiante de magisterio y aunque la historia no es su fuerte, sabe que aquel botín debe valer una buena suma de dinero.

El gran tesoro olvidado

Así empieza el relato del descubrimiento del tesoro visigodo de Guarrazar. Después de una azarosa aventura, muchas de las piezas fueron vendidas a Francia, donde permanecieron hasta 1941. Entonces, seis de las nueve coronas conservadas en el Museo de Cluny, entre ellas la de Recesvinto, volvieron a España. Hoy se pueden ver en el Museo Arqueológico Nacional. Otra parte del tesoro se entregó a la reina Isabel II, como la corona de Suintila, que fue robada de la Armería del palacio Real de Madrid en 1921, complicando aún más la leyenda.

A pesar de la importancia del enclave de Guarrazar, a las afueras de la localidad de Guadamur, nadie ha excavado de forma sistemática este lugar hasta hace apenas dos años. La historia y las últimas investigaciones en torno al tesoro de Guarrazar ocuparán el bloque más extenso de nuestro programa de hoy.

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