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Lunes, 19 de Agosto de 2019

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Es todo tan bochornoso…

Rato no ha sido citado en una comisaría o en un juzgado para declarar. Ha tenido, además, el castigo de una detención groseramente teatral con decenas de cámaras incluidas

Este Ojo todavía no sabe cómo reaccionar ante la aterradora imagen de ese agente que inclina la cabeza de Rodrigo Rato para que entre en el coche policial. El solo titular de su detención, con esa foto añadida, es tan tremendo que apenas si deja respirar al lector. Es un golpe seco en la boca del estómago, un choque emocional de una intensidad descomunal.

¿Es posible, se pregunta cualquier ciudadano, que un señor que fue ministro de Economía y vicepresidente del Gobierno, gerente del Fondo Monetario Internacional, presidente de Bankia y consejero de innumerables bancos y empresas, haya podido cometer delitos de alzamiento de bienes, blanqueo de capitales y fraude fiscal? ¿Puede ser verdad que oculte documentos en su casa, en su despacho o en Sotogrande, como hacía Francisco Correa?

Claro que hay que mantener la presunción de inocencia. Pero Rato no ha sido citado en una comisaría o en un juzgado para declarar. Ha tenido, además, el castigo de una detención groseramente teatral con decenas de cámaras incluidas. Ya habrá tiempo para otras consideraciones, como recordar a Rato sus frases de ejemplar luchador contra el fraude, pero es difícil digerir este bochornoso espectáculo. Y lo es tanto si quien aspiró a ser presidente del Gobierno ha actuado como un vulgar delincuente, o si ocurre que tanta parafernalia es solo una sobreactuación electoralista.

Lo dicho: una vergüenza.

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