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Cuando comer es solo nutrirse | 19-06-2015

Ponemos a prueba los compuestos como Soylent o Joylent, de moda en algunos sectores de Silicon Valley, que proponen una alimentación a base de batidos

Dos paquetes del compuesto europeo Joylent con su recipiente y su cuchara. / J.G.I.

Madrid

Alimentarse a base de batidos de chocolate, fresa o, por ejemplo, plátano puede parecer una buena idea. Si uno es goloso. Y si no le importa que el batido sea un poco espeso, tirando a arenoso, y el sabor no sea especialmente potente. Es la experiencia con Joylent, uno de los compuestos de nutrientes que han aparecido en el mercado con un reclamo de estos tiempos: es lo que comen los gurús de Silicon Valley. Se supone, según la leyenda con la que han llegado a nuestro país, que en la meca de la tecnología digital se alimentan de estos batidos porque así pierden menos tiempo en preparar la comida. Un concepto aún más chocante en España, un país acostumbrado a limar asperezas y contar la vida alrededor de una mesa.

Así lo ve Xavier Medina, experto en antropología de la alimentación: "Casi toda nuestra vida está organizada en torno al consumo de alimentos. Por ejemplo, cuando quedas con alguien para tomar de algo, quedas para tomar un café. Sentarse a una mesa suele ayudar a solucionar los problemas". Pero el impulsor de este tipo de alimentación con alimentos, Rob Rhinehart, difiere: "Mucha gente ve la comida como algo esencial, sagrado e invariable, pero no creo que eso esté basado en pruebas. Creo que no es correcto pensar que algo que viene de la naturaleza es mejor. Actualmente, por lo general, es lo contrario. Las cosas que diseñamos son más útiles". Rhinehart es el creador de Soylent, el pionero de este tipo de compuestos, puesto en marcha en 2013.

El nutricionista Juan Revenga es muy crítico con los batidos de nutrientes. Para empezar porque cree "que han inventado el agua templada". "Se basan en algo que ya existía, la alimentación enteral, que es la que se les da mediante sonda a las personas que por lo que sea no pueden consumir alimentos por vía oral, normalmente, porque están enfermos u hospitalizados. Se basan en eso para crear los batidos", explica. No es la única duda de Revenga con respecto a estos productos: "Hay que tener en cuenta que no están pensados para sustituir una comida concreta y casual, sino para sustituir todas, desayuno comida y cena. La nutrición enteral, además, tiene importantes riesgos y contraindicaciones. Hay posibles déficits nutricionales, de fibra, y posibles síndromes de realimentación que se dan cuando se vuelve a comer alimentos. Para mí, es una fórmula ineficaz con no sé  exactamente qué fines".

Para Revenga, estamos, en definitiva, ante "una chorrada, que además ya existía. Lo que pasa es que a través de un márketing llamativo se está haciendo un hueco". Un márketing llamativo es lo que nos encontramos al abrir la caja de Joylent, que tarda unas dos semanas en llegar a casa desde Holanda después de pedirlo por internet. Junto a las bolsas con los polvos de diferentes sabores, llega una carta en tono desenfadado con las instrucciones. Procedemos.

Nuestra experiencia

En el vaso de plástico para el batido echamos tres cucharadas y media de Joylent de sabor de chocolate. Añadimos medio litro de agua. Y agitamos. Agitamos. Agitamos. Agitamos. Y volvemos a agitar. Cuesta que se diluya, primera conclusión. Incluso hay una zona, al fondo del vaso, en el que se nos ha quedado una parte que no se deshace. Cuando el brazo ya no da más de sí para agitar, suponemos que ya es momento de probarlo.

En boca es algo terroso, harinoso, aunque sin llegar a tener grumos. El sabor... Pues bueno, sí, es chocolate, pero muy suave. La experiencia puramente personal para hacer este reportaje es de aburrimiento en la cena y que hay que beberlo poco a poco, porque tres tragos seguidos ya saturan. Cuando terminamos, estamos saciados. Ni rastro del hambre. Un rato después, sigue sin haber hambre, pero sí cierta necesidad de comer algo sólido. Puede que sea pura psicología. Al fin y al cabo, la psique es fundamental. No solo a la hora de comer, también a la hora de optar por un producto. Ahí ataca el márketing.

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