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El tábano Aznar

Como acostumbra, el expresidente siempre ve mejor los pecados ajenos que los propios, como si le fuera imposible mirarse al espejo como no sea para comprobar qué tal se van torneando sus abdominales

En sus críticas a Rajoy, Aznar tiene razones pero no tiene razón. Como acostumbra, el expresidente siempre ve mejor los pecados ajenos que los propios, como si le fuera imposible mirarse al espejo como no sea para comprobar qué tal se van torneando sus abdominales. Él se sitúa lejos, fuera, por encima de los pecados de los hombres.

Si no ha sido aún capaz de reconocer el disparate de su apoyo a la guerra de Irak, ¿cómo va a aceptar su participación en muchos de los problemas que ahora padecen España y su partido? Su papel determinante en la incubación de la crisis económica, al poner a la venta el suelo patrio, o el debilitamiento de la contundencia españolista en Cataluña, que ahora añora cuando regaló a Pujol la cabeza de Vidal-Quadras, sin contar con su papel en la corrupción; los casos Gürtel, Bárcenas, etcétera. Podredumbres de las que no quiere saber nada, como nada quiere saber de las normas de control de alcoholemia.

Pero sus comentarios han hecho daño. Lo prueba el equipo de Rajoy al responder con frases sonámbulos, de boxeador sonado. “Ciudadanos es de centro-izquierda”, ha dicho entre vapores un portavoz.

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