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Domingo, 31 de Mayo de 2020

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El incómodo reinado de Felipe el Hermoso

Traiciones, mentiras, escándalos, sexo, poder y guerras alrededor de un crimen que la historia oficial se ha olvidado de contar.

Doña Juana la Loca (Museo Nacional del Prado)

Doña Juana la Loca (Museo Nacional del Prado) / Francisco Pradilla

A Felipe el Hermoso lo envenenaron de mala manera. Era un niño insolente, insoportable y malcriado, y, por lo que se ve, se estaba buscando la ruina desde que puso un pie en Castilla.

Juana la Loca no estaba loca, y muchísimo menos de amor. Es bastante más probable que no soportara a su maridito. Tenía razones de sobra para odiarle.

Isabel la Católica no era ni de lejos una santa. A su alrededor, sus enemigos caían como moscas envenenadas cada vez que se echaba a rezar. Su reinado fue ilegítimo. Traicionó a su reino con una boda secreta que la casaba con un enemigo de Castilla. Su propio hermanastro, Enrique IV, murió convencido de que sus católicas altezas Isabel y Fernando, Tanto Monta, Monta Tanto, le habían dado ponzoña para robarle el trono. La católica Isabel engañó a su mismísimo marido para proclamarse reina sin contar con él. Montó una guerra civil para defender lo que no era suyo y se pasó el reinado legitimándose por la vía rápida, con asuntos tan populacheros y espinosos como la creación de la Inquisición, la culminación de guerra de Granada o la expulsión de los judíos. Su disparatada política matrimonial acabó sentando en el trono de Castilla a un enemigo declarado.

A pesar de que no sabemos grandes cosas de él, Felipe el Hermoso fue el primer rey de la dinastía de los Austria. Llegó a Castilla para reinar y se lo cargaron antes de llegar a ser rey de Aragón. No cabe duda de que es un tipo importante. Sin embargo, parece que la historia oficial se ha saltado esta página. Aquí pasamos alegremente de los Reyes Católicos a Carlos V. A lo mejor es que se han olvidado un poco a posta. El reinado de Felipe I es un fastidio, sobre todo si comulgas con eso de que Isabel y Fernando unieron España.

A pesar de lo que nos han contado, España no quedó unida tras el reinado de Isabel. Porque, vamos a ver, cuando muere su católica alteza, Fernando sigue vivito y coleando en su trono de Aragón. El trono de Castilla lo hereda su hija Juana. Es cuando su amado esposo Felipe y su propio padre, el Católico, conspiran juntos para hacerla pasar por loca e incapacitarla. Si había un reino de Castilla y un reino de Aragón, es evidente que no hubo unidad. Eso, por no hablar del matrimonio de Fernando con Germana de Foix y su insaciable búsqueda de un carón que heredase Aragón.

La católica Isabel trajo la ruina económica, dinástica y cultural de Castilla. El reino tenía vocación atlántica, pero ella sentó las bases para que entrara en la Historia patria un Sacro Imperio Germánico que ni nos iba ni nos venía. Desde su reinado, Castilla sigue en busca de su identidad. Pero, ¿cómo llegamos a esta situación?

David Botello, autor del libro Felipe el Hermoso. Anatomía de un crimen, editado por Oberon, desvela las claves de una época convulsa que deja Juego de Tronos a la altura de una película de Disney.

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