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Lunes, 16 de Diciembre de 2019

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El voto a la extrema derecha parece normal

La ultraderecha austriaca finalmente no se hizo con la presidencia del país. La logró, por una mínima diferencia de 50,3% de los votos, el candidato ecologista, Alexander Van der Bellen, un economista prestigioso. Es un alivio para Europa, pero un alivio pequeño que no debe ocultar la realidad: Van der Bellen tenía el apoyo no solo de su partido, los Verdes, sino también de los socialdemócratas y de los democratacristianos y todos juntos no han sido capaces de sacar más que unas 30.000 papeletas más que la extrema derecha, que acudía en solitario.

Lo ocurrido en Austria pone de relieve uno de los grandes problemas políticos que se están detectando en Occidente: la extrema derecha, con ideas autoritarias, xenófobas y ultranacionalistas, comienza a ser vista como una opción política más, algo normal, un voto tan justificado como cualquier otro. Sucede en la mayoría de los países europeos y sucede en Estados Unidos, con un candidato presidencial republicano, Donald Trump, claramente identificado con posiciones extremistas y xenófobas.

¿Qué hace que tantos ciudadanos de democracias asentadas consideren que la extrema derecha es una opción política normal, algo que hace solo 20 años hubiera resultado impensable? Seguramente hay muchas explicaciones, pero una de las principales es la incapacidad de las opciones políticas clásicas de responder a las inquietudes y preguntas de una parte enorme de sus ciudadanos, afectados por la crisis económica y temerosos de perder el Estado de Bienestar. El mensaje falsamente claro de la extrema derecha hace estragos y permite que asome el hocico, otra vez, la peor de las pesadillas.

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