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DÍA INTERNACIONAL DEL JUEGO

“¿Juegas conmigo?”

Mientras nuestros niños se entretienen con tablets y móviles antes de los nueve años, los juguetes de toda la vida esperan en tiendas a que los adquiera alguien más que un coleccionista

Panorámica del Hospital del Juguete / Irene Liñán

Madrid

Si está usted leyendo este texto y tiene más de 40 años, seguro que se acuerda de su primer partido de fútbol con chapas o de las Barriguitas. En cambio, su hijo quizá no sepa cómo fabricar un carrito con una tabla de madera y un par de combas. Es la consecuencia de una pérdida de la identidad de niños antes de tiempo.

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Antonio Martínez nos recibe en el Hospital del Juguete, donde repara juguetes usados por padres para que ahora los usen sus hijos. Antes que él estuvo su propio progenitor, que también fabricaba algún avión o trenecito. Esas piezas están expuestas, pero no a la venta porque para Antonio son reliquias. “Hay cosas que tampoco vendo porque son de clientes que me las han dejado porque ya no las usan y les da pena tirarlas o donarlas”, explica señalando una antigua radio.

De las paredes cuelgan coches a pedales, un teleférico en miniatura, marionetas de trapo e infinidad de muñecos de cuerpo blando. Una enorme jirafa y un oso de peluche presiden la entrada. “Se ven a muchos coleccionistas, pero también a papás que vienen para que los niños usen los juguetes con los que ellos jugaban antes”. ¿Y el niño juega? “El niño no juega. Ellos ya han nacido en la era electrónica y se ha perdido el sentido del juego”.

Recortables en el escaparate de la papelería Salazar / Irene Liñan

Mal que pese, los estudios le dan la razón a este nostálgico de los soldaditos de plomo. Según un estudio de la Universidad de Valencia, los niños dedican menos del 20% de su tiempo diario a jugar, y cuando lo hacen, están solos. Eso es lo que trata de evitar a toda costa Ana, una de las dueñas actuales de la papelería Salazar. “Tengo un parchís en casa y juego con mi nieto”. Mientras, no para de mostrar orgullosa los juegos tradicionales expuestos en los escaparates de este local, de más de 100 años de antigüedad: tabas, boliches, cuentos y todo tipo de juegos de mesa, que son los que, según Ana, más tirón tienen entre los niños de ahora.

Su hermana Fernanda nos enseña los famosos recortables, con toda clase de vestidos para las rollizas muñecas. “Hay niños a los que les gusta recortar, pero otros directamente pasan”, se lamenta. En España, los pequeños empiezan a usar tablets y móviles a los siete años. A los nueve se produce el abandono definitivo de pelotas y puzles. Eso trae aparejado la falta de inventiva. “La sociedad en general se ha vuelto pasiva. Es mucho más fácil darles una pantalla para que se entretengan. Pero en las edades más tempranas hay que jugar con ellos”, recalca Fernanda.

Nenucos, Madelmans y canicas esperan mientras tanto en cientos de escaparates a sus próximos dueños para hacerles mantener la infancia durante el tiempo necesario. Con un poco de suerte, esos dueños que vayan a por ellos serán menores de 13 años.

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