Viernes, 18 de Septiembre de 2020

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25 años sin Tino Casal

El inglés, un esguince y el miedo a los 40: los fantasmas de Tino Casal

Este jueves se cumplen 25 años del accidente que acabó con la vida del cantante

Su amigo y el productor de todos sus discos, Julián Ruiz, repasa algunos de los mejores y peores momentos de la carrera del artista

Tino Casal en el programa deTVE 'Viva el espectáculo' en 1990

Tino Casal en el programa deTVE 'Viva el espectáculo' en 1990 / EFE

José Celestino Casal Álvarez había nacido para ser una estrella. El artista que él soñaba ser, el artista en el que se convirtió más tarde, era demasiado avanzado para el momento por el que atravesaba España. Publicó sus primeros singles con el cuerpo del dictador recién enterrado. "Estamos hablando de finales de los años 70, se vivía una explosión de libertad y de hacer cosas nuevas tremenda pero mucha gente te miraba de reojo", recuerda Julián Ruiz, su compañero inseparable desde entonces. Les quedaba una década por vivir, una de las más fascinantes de la historia musical de nuestro país. Y la vivieron. Tras quedar segundo en el Festival de Benidorm, pasó unos años dedicando más tiempo a la pintura. En 1981 Tino volvió a la música y publicó su primer álbum, Neocasal. Ese trabajo incluía una de las canciones que provocó que su carrera despegase, Champú de huevo. Un tema que, según Ruiz, suponía "un ataque a la sociedad de su tiempo terrible". Esa letra y ese estilismo tan llamativo hicieron que las televisiones le acogieran con las puertas abiertas. Siempre daba un buen espectáculo y su discurso hacía las entrevistas interesantes. Tino era una persona muy culta y, pese a los kilos de maquillaje, no era en absoluto superficial.

En aquel primer disco , Tino Casal también se atrevió a versionar a uno de sus grandes referentes: David Bowie. "Era un reflejo de su propio ser. Decir que Tino era el Bowie español es absurdo porque no tenían la misma concomitancia pero sí les unía la pasión por ser vanguardia, en el estilismo, en la manera de cantar… Los dos cantaban fantástico pero para mí Tino lo hacía mejor", asegura Julián Ruiz sin dudar. El productor tuvo la ocasión de ponerle la versión de Life on Mars? del asturiano a Bowie y cuenta que al Duque Blanco le sorprendió el vozarrón de Tino pero que "apenas entendía su inglés". Un escollo que le hizo perder grandes oportunidades. "Siempre nos quedó la espina de que cuando hicimos Embrujada, la compañía EMI en Inglaterra estaba convencida de que podía ser un número uno mundial. Nos pagó un viaje, fuimos allí, yo elegí al productor de Sting y de Phil Collins, y grabamos una versión en inglés de la canción pero el inglés de Tino nunca fue bueno", lamenta Ruiz.

Nadie sabe qué habría pasado si se le hubiese dado bien el inglés pero su carrera en España no fue nada mal. Tino Casal publicó cinco discos en 10 años, todos producidos por Julián Ruiz, pero hubo un parón de tres años que le pasó factura, sobre todo, personalmente. En 1985 sufrió un esguince en medio de una gira. Desoyó los consejos de los médicos, que le pedían que hiciese un alto en la gira, y continuó. "No comía, bebía mucho y se automedicaba, así que se provocó una necrosis en las dos piernas", relata Julián Ruiz. Lo que vino detrás es sólo dolor. Pasaba sus días entre la cama y una silla de ruedas. Tenía demasiado tiempo para pensar. Temía que su carrera se hubiese acabado pero siempre tuvo la mente puesta en volver. "Recuerdo verle llorar en la cama. Hacíamos canciones allí con un casete y pensamos mucho sobre la vuelta. "¿Qué podemos hacer Julián para salir de esto y salir fuerte?”, me preguntaba. Fue cuando se nos ocurrió la idea de grabar Eloise", rememora su amigo, que fue quien le propuso versionar ese clásico de Barry Ryan que tantos éxitos le dio. Misión cumplida. Tino Casal volvió a los escenarios y volvió fuerte. Desde entonces siempre le acompañaba un bastón, el único recuerdo de aquel tiempo sombrío. Los últimos años de los 80 fueron suyos y de Mecano.

Con los 90 llegó a la cuarentena. Y los 40 años en aquella época no eran los nuevos 30. Los 40 significaban el fin de una época que ya no volvería. Tino Casal pasó por una fuerte crisis de los 40 sin saber que no cumpliría los 50: "Era la edad a la que pensabas que dejabas de ser joven, en aquella época los cadáveres jóvenes pesaban mucho", relata Julián Ruiz, que confiesa que él también atravesaba la misma crisis en aquel momento.

Con 41 años, Tino sí seguía haciendo más o menos lo mismo que con 30. Hizo su primera exposición de pintura, tenía pensado grabar su próximo disco en Tokio y seguía saliendo un sábado por la noche hasta el amanecer. Como aquel 22 de septiembre. Empezaba a salir el sol cuando Tino abandonaba una discoteca con amigos para volver en coche a casa. No se puso el cinturón de seguridad y cuando aquel Opel Corsa se empotró con una farola cerca del Puente de los Franceses en Madrid, el cantante recibió un fuerte impacto que acabó con su vida. Julián Ruiz cuenta emocionado cómo recibió la noticia: "Era un domingo. Mi mujer cogió el teléfono, lo soltó y empezó a llorar… "que Tino se ha muerto, que Tino se ha muerto…" Estuve deprimido, no salí en una semana… nunca he sido de bodas, ni bautizos… tampoco fui al entierro…". Lo que más echa de menos de Tino es su sentido del humor: “Te morirías de risa con él. En directo cambiaba las letras. En Pánico en el Edén, decía Pánico en la sartén… Tenía mucha imaginación”.

Alaska está convencida de que Tino Casal hoy sería productor. Ya produjo a Obús en los 80 y demostró que las etiquetas no iban con él, que aquel “maldito cantante pop” -como le llamaron en alguna ocasión- podía dirigir el trabajo de un grupo heavy. Tino Casal no se ponía límites, por eso los superaba casi todos. Para bien y para mal.

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