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Star Wars

'Star Wars' no lo sabe, pero es marxista

El 'Episodio VIII: los últimos Jedi', de la saga de George Lucas mantiene la nostalgia del pasado con nuevos personajes y retos que combatir para la resistencia galáctica, cada vez más multicultural, frente a la homogenidad racial del lado oscuro

Durante toda la saga de Star Wars, George Lucas, creador de los personajes y la idea sobre la que giran las entregas primigenias, se ha movido en un equilibrio desigual entre tres géneros: la tragedia griega -Lucas siempre dijo que era la historia de un padre y un hijo-, el wéstern espacial -la lucha de los rebeldes (oprimidos) contra los opresores (el Imperio)- y la crónica política, pues la saga trata sobre el origen, desarrollo y final de la guerra entre esos dos bandos.

En este Episodio VIII: los últimos Jedi, dirigido por Rian Johnson, combina los tres, como no podía ser de otra manera, y es el primero en mucho tiempo en el que pasan cosas, la trama avanza, tiene entidad propia y, a pesar de su duración que alcanza las dos horas y media, funciona como película de entretenimiento y como metáfora de la sociedad en que vivimos.

Esta nueva entrega parece tener un objetivo: preparar lo que serán los dos bandos que enfrenten la batalla final que vivirá toda la galaxia en el próximo episodio. Para ello, el director recurre al pasado de la saga, generando la mayoría de momentos emotivos: hologramas, reencuentros -entre Luke (Mark Hammil) y la princesa (Carrie Fisher)- y apariciones de personajes legendarios. Pero a la vez, Johnson es consciente de la regeneración que debe sufrir la saga para que los nuevos públicos se sumen a ella. 

Por eso, la emoción se combina con el humor, la aventura y la acción y los actores de las sagas originales con las nuevas incorporaciones. A muchos ya los conocimos en el Episodio VII, pero han necesitado estos tres años y tres películas para afianzarse en la Galaxia. Un cambio generacional, cambio casi de régimen, en ambos bandos, el lado oscuro y el luminoso.

Oscar Isaac, John Boyega, Adam Driver y Daisy Ridley ya están consolidados. Ella es la gran protagonista de esta cinta. Una mujer que podría ser la esperanza Jedi. Y que además de aportar la diferencia de género también parece romper el tabú aristocrático de los buenos rebeldes. Es por eso y por otros detalles por los que políticamente la saga se vuelve más igualitaria: la presencia de mujeres en altos mandos y la llegada de personajes de clase humilde, además de la crítica a toda una sociedad capitalista que vende armas a buenos y malos y que explota a los ciudadanos de los lugares menos favorecidos. Pero además, el lado luminoso es multicultural: todo el mundo está representado, aunque el gobierno imperial no lo reconozca. Y es que esta galaxia se parece demasiado al mundo en que vivimos y sus gobernantes al jefe de la Casa Blanca, incluso a Hollywood. 

La democracia en Star Wars, tal y como cita el profesor de Derecho Constitucional Rubén Dalmau, significa "república" y los Jedis son los encargados de salvaguardarla. Estos guardianes, que nos recuerdan a la república platoniana, con una educación similar a la que proponía el filósofo heleno, están en las últimas, como un viejo estado que agoniza, ¿podrán sobrevivir? ¿Cómo serán los nuevos Jedi que lleguen? ¿Tendrán la fuerza suficiente?

A todas estas cuestiones responde el Episodio VIII que tiene una dimensión política y actual más. El lema de la saga nos dice que cuando el lado oscuro triunfa se deslegitima la democracia y los rebeldes deben recomponer la república. ¿Estamos hablando de la victoria de Trump como ocaso de la democracia en el mundo? ¿Qué deben hacer ahora los rebeldes, si es así? 

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