A rastras y equivocándose
La estupefacción de La Moncloa ante el varapalo del Consejo de Estado demuestra dos cosas: que las decenas de abogados del Estado sirven para lo que sirven y, lo que es más grave, que el Gobierno carece de los mínimos instrumentos políticos

A rastras o equivocadas. Así son todas y cada una de las acciones que emprende el Gobierno de Rajoy frente al problema catalán. La última decisión, la de recurrir la candidatura de Carles Puigdemont al Tribunal Constitucional ha tenido, además, la reacción inmediata y cristalina del Consejo de Estado: no hay bases jurídicas para esa iniciativa. La estupefacción de La Moncloa ante el varapalo demuestra dos cosas: una, que las decenas de abogados del Estado que maneja la vicepresidenta sirven para lo que sirven y, lo que es más grave, que el Gobierno carece de los mínimos instrumentos políticos y de inteligencia para haber tanteado esa decisión antes de tirarse a una piscina sin agua. Están acostumbrados a que los más altos tribunales de este país se pongan firmes ante cualquier cosa que se les ocurra, que para eso ya los han llenado de amigos y coadjutores, y no han medido que el Consejo de Estado tiene otra composición y no responde a las órdenes como el cabo ante el comandante. Con todo, y el día 30 se nos echa encima, lo peor de esta agobiante situación es el barbecho del Gobierno de Rajoy en iniciativas políticas, que ni una sola idea ha partido de su entorno para generar confianza entre los ciudadanos. No se vislumbran soluciones, es cierto, pero nadie, absolutamente nadie, las espera de Rajoy.
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