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Miércoles, 16 de Octubre de 2019

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Comparaciones odiosas

Me cabrea el vínculo que algunos, dentro y fuera de la política, establecen entre ese 23-F y lo que ocurrió el pasado 1 de octubre en Catalunya

¿Es esto lo que necesitamos para la concordia, para restañar heridas, para desescalar el conflicto?

Como ya sabrán, hoy se cumplen 37 años del intento de golpe de estado del 23-F, pero no teman porque no voy a ponerles otra vez aquel famoso fragmento sonoro de tejero entrando pistola en mano en el Congreso y gritando ‘¡quieto todo el mundo!’. No. Eso a estas alturas yo creo que ya suena incluso anacrónico. Por eso me llama la atención, me preocupa y también me cabrea por qué no decirlo, el vínculo que desde hace semanas -y hoy con más motivo- algunos, dentro y fuera de la política, establecen entre ese 23-F y lo que ocurrió el pasado 1 de octubre en Catalunya.

Vamos a ver, a estas alturas creo que está muy clara mi postura personal y sobre todo la de esta casa con respecto al núcleo político del procés: nada, absolutamente nada puede construirse -la independencia o lo que sea- saltándose la ley a la brava e ignorando la opinión de la mitad de los catalanes. Eso para mí no admite ninguna duda; ahora bien, dicho esto ¿de verdad alguien puede sostener, insinuar, comparar o poner al mismo nivel una asonada militar, con tiros y tanques en las calles, con una votación ciudadana?

Que lo que hubo el 1 de octubre; no fue un referéndum, además era una consulta ilegal, ya lo sé, pero, ¿fue algo parecido al 'Tejerazo'? ¿Estamos hablando en serio? ¿Es esto lo que necesitamos para la concordia, para restañar heridas, para desescalar el conflicto? ¿Esas cosas con las que después todo el mundo se llena la boca? ¡Por favor!

A mí, por ejemplo, el espectáculo que están dando los partidos independentistas -después de haberse saltado la ley y de haber mentido, porque así lo han reconocido, a sus propios seguidores- a mí me parece penoso y tendrá sus consecuencias judiciales, sin duda. Pero no veo nada clara la prisión preventiva para algunos de sus dirigentes; ya lo dije hace unos días. Y si además resulta que para distinguirnos de ellos, para ser demócratas o constitucionalistas, o patriotas o como queramos llamarlo, hay que equiparar a Tejero con gente votando… pues a mí que no me esperen.

No sé dónde me deja todo eso, posiblemente en tierra de nadie, pero es que sigo convencido de que no necesitamos echar más gasolina al fuego. De verdad, yo, modestamente, lo veo así.

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