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Domingo, 22 de Septiembre de 2019

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Traiciones, sonrisas y un gato

La guerra en Podemos desvía el foco de Cifuentes mientras el 1-O propicia un enfrentamiento inédito entre el Supremo y el ministro de Hacienda

Errejón, Iglesias y Espinar, tras anunciar el acuerdo de la lista unitaria. / ()

En plena campaña de la renta, un juez del Supremo la ha tenido con el ministro de Hacienda. El escenario es de tal desconcierto que han empezado a ocurrir esas cosas: el Tribunal Supremo y el Gobierno airean sus diferencias sobre si la Generalitat distrajo dinero público para el procés. Montoro le debe una explicación al juez Llarena, apoyado por la Guardia Civil en la tesis de la malversación. También el Supremo se ha puesto a rebatir en público a sus colegas alemanes porque la liberación de Puigdemont le parece "carente de rigor". Hay un cambio de fase. Antes los duelos sucedían entre partidos y ahora, además de ser dentro de los partidos, se dan entre instituciones e, incluso, entre poderes. Ahí tienen al Constitucional, advirtiendo al Gobierno de que deje trabajar al Congreso y permita que en esta legislatura pueda legislarse al fin. Han empezado a ocurrir esas cosas.

Luego están las que ya sucedían siempre, aunque se presentan de manera imprevista y con toda la virulencia. La semana en que Cristina Cifuentes renunció a un máster que nadie ha visto y fue incapaz de afirmarse en que defendió su trabajo de manera presencial, la izquierda le llenó la botella de oxígeno. El PSOE tanteó a Manuela Carmena y Carolina Bescansa abrió a Podemos en canal. Madrid, de nuevo: la batalla por el feudo simbólico. Del último Vistalegre, Iglesias y Errejon salieron cantando "unidad y humildad" y dándose abrazos fraternos. Esta vez tuvieron que salir a la fuerza para cantar entre dientes lo de la unidad y la humildad y darse abrazos fratricidas. Les une la necesidad, porque está a la vista de todo el mundo cuál es el estado de ánimo de un partido estancado en las encuestas en el que sus dirigentes ya no se fían ni del Telegram, que era en lo que más confiaban.

Cambia el mundo. En Cuba manda un comunista que no es un Castro, Trump prepara su encuentro con Kim Jong-un y Macron trata de convencer a Merkel de la necesidad de rediseñar Europa. Visita Madrid el presidente de Portugal, donde gobiernan las izquierdas, y Pedro Sánchez -que viajó a Lisboa en cuanto el rey le propuso formar gobierno- le escucha con cierta melancolía. Cifuentes les dio una oportunidad y en Podemos se han usado palabras gruesas, que lo rompen todo y difícilmente cicatrizan: complot, traición. Conspiración es la contraseña para colarse en cualquier sarao político de la capital. Mariano Rajoy se ha dedicado a inaugurar obras porque quedaba feo que saliera acariciando a un gato. Cambia el mundo y en España, a diferencia de Italia, hay un Gobierno. Por las señales del PNV, habrá hasta presupuestos. Pero aquí la vida pasa en lo que se busca un máster, un president y falsas sonrisas que disimulen tanta batalla cainita. Esas cosas.

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