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Viernes, 03 de Abril de 2020

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Primavera Sound

Nick Cave & The Bad Seeds inundan de júbilo el Primavera Sound

El australiano actúa como juglar y como guía espiritual en el concierto más emocionante de la jornada del jueves, en la que también han tocado Björk, Amaia, Sparks, Ezra Furman, The War On Drugs o Vincent Staples

El cantante australiano Nick Cave durante su actuación en la segunda jornada del Primavera Sound que tiene lugar en el recinto del Fòrum de Barcelona.

El cantante australiano Nick Cave durante su actuación en la segunda jornada del Primavera Sound que tiene lugar en el recinto del Fòrum de Barcelona. / Alejandro García (EFE)

Quizá suene un poco macabra, pero el año pasado supimos que "a la maldita muerte le gusta el rock and roll" y, después de tan insignes bajas, Nick Cave ha subido como la espuma. Para algunos ya lleva años siendo el gran clásico, al menos de los que están en activo. Pues bien, visto el recital que ha ofrecido este jueves en el festival Primavera Sound, hay que rendirse a la evidencia.

Secundado por unos impecables The Bad Seeds, el artista australiano ha demostrado que sus más de 40 años de carrera le han servido para acumular un repertorio de grandes canciones, pero también para dominar como pocos el escenario y la relación con el público. A ratos como juglar y a ratos como una suerte de guía espiritual, sus constantes cambios de ritmo —de la poesía a la distorsión rabiosa y de la soledad del piano a los brazos de sus fans— acabaron contagiando a un público aún algo hipnotizado por los cantos mántricos de la islandesa Björk, que acababa de tocar en el escenario de enfrente.

Con un repertorio basado en sus últimos discos, pero también con clásicos como The Ship Song, la primera parte del concierto fue todo un tratado sobre el amor y el desamor: Do You Love Me?, I'll Love You (Till The End Of The World), Girl in Amber...

Tras la interpretación de sus célebres The Mercy Seat y Red Right Hand, sin embargo, todo se tornó mucho más místico. El emocionante solo de violín con el que Warren Ellis culmina la preciosa Distant Sky desembocó en el melódico in crecendo de Jubilee Street, una canción que solo tiene cinco años de vida, pero que en directo suena a clásico de categoría extra.

Y tras despedirse del desenfado ochentero con Deanna, Nick Cave decidió poner fin al concierto dándose un auténtico baño de masas. Durante la interpretación de Bad motherfucker fue reclutando a decenas de fans para que le acompañaran en el escenario y, después de muchos abrazos y juegos vocales con un público entregadísimo, culminó su masterclass espiritual con Push The Sky Away.

El eclecticismo se come al indie

Ezra Furman, durante su concierto en el Primavera Sound 2018. / DANI CANTO (PRIMAVERA SOUND)

La segunda jornada de conciertos en el Parc del Fòrum, de todas formas, ha vuelto a confirmar que la programación del Primavera Sound es cada vez menos indie y más ecléctica. El sol de las 6 de la tarde no ayudaba demasiado, pero el estadounidense Ezra Furman, definido por Alfonso Cardenal (Sofá Sonoro) como "el Bob Dylan millenial", causó muy buena impresión con una mezcla de folk, rock e histrionismo que, sobre todo con el saxo de Suck The Blood From My Wound, también recordó a un Bruce Springsteen en tiempos mozos.

Judío y bisexual, con los labios pintados de rojo y un collar de perlas al cuello, Furman versionó el Hounds Of Love de Kate Bush, insistió en que su hit Love You So Bad solo tiene tres acordes y, además de reivindicar el "Queer Power" con un mensaje en su abdomen, le dedicó un tema a los refugiados. "No nos podemos ni imaginar lo que es dejar tu casa y no volver a sentirte seguro nunca más".

Y tras invocar al rock de hace medio siglo a través de un joven talento, receta original: Sparks, la banda de Los Ángeles capitaneada por Ron y Russell Mael, desempolvó algunos de los éxitos setenteros gracias a los que se les comparó con Queens o David Bowie. Un concierto más que digno, teniendo en cuenta que (pese a acompañarse) de músicos muchos más jóvenes, un hermano tiene 72 y el otro 69.

Amaia, durante su concierto en el Primavera Sound. / Xavi Torrent (WireImage)

Una de las citas más esperadas del día, de todas formas, era el primer concierto de Amaia tras triunfar en Operación Triunfo y fracasar en Eurovisión. Un recital anunciado esta misma semana —lección de márquetin del Primavera Sound— en el que la cantante navarra, con The Free Fall Band como apoyo, versionó algunas de sus canciones favoritas: Miedo (M Clan), Airplane Over The Sea (Neutral Milk Hotel), Reflektor (Arcade Fire), El mundo extraño (Él mató a un policía motorizado)...

Está claro que Amaia cae bien, que tiene buen gusto y que es una excelente intérprete, pero está por ver si todo eso le sirve para construir una carrera musical con cara y ojos. La desmedida popularidad de la que goza solo puede ir desinflándose, pero lo cierto es que su genial versión de Alfonsina y el mar (Mercedes Sosa), Zorongo gitano (Marisol), She's leaving home (Beatles) o, sobre todo, Tuyo (sintonía de la serie de Netflix Narcos), dan motivos para la esperanza.

El infalible sonido de The War On Drugs no fue suficiente para levantar un final de concierto excesivamente onanista. Sus magníficos dos últimos discos les han llenado el setlist de temazos, pero para convertirse en los nuevos REM convendría que interactuaran un poco más con el público y para eso, claro, también ayudaría no tener que enfrentarse a una explanada tan amplia como la que suelen ocupar los cabezas de cartel del Primavera Sound. ¡El tamaño importa!

Björk alargó esa sensación de sí-pero-no con un concierto muy basado en los temas de su último disco y una puesta en escena que parece diseñada para la hipnosis: vídeos de flores abriéndose, patos nadando, figuras caleidoscópicas...

Escoltada por siete flautistas y un arpa, la artista islandesa volvió a demostrar que es única, pero su mezcla de ambient, sintetizadores y bases electrónicas se disfruta más en casa (o en un auditorio, seguramente) que ante un aforo tan grande.

Quizá un intercambio de escenarios con Vince Staples habría beneficiado a todos porque el hiperactivo rapero californiano desbordó las expectativas de asistencia. Un nuevo indicio de que el eclecticismo imperante (rap, trap, folk, rock, world music y hasta Operación Triunfo), se está comiendo al indie. No hay nostalgia que valga.

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