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Viernes, 21 de Febrero de 2020

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Pedro Sánchez, contra pronóstico

Un golpe de estrategia y audacia, una moción rápida, mucho cosido fuera de los focos, partidos movilizados contra el PP, y quizás algo de suerte

Como en la película Good bye Lenin, a Rajoy le gustaría que lo despertaran del coma político y que todo siguiera igual que el 23 de mayo, cuando aprobó los Presupuestos y seguía pensando que Pedro Sánchez solo iría a la Moncloa de visita. Pero la incapacidad de Rajoy para entender la realidad y la percepción de los españoles respecto a la corrupción ha terminado por tumbarlo. Ha presidido un Gobierno atornillado al Código penal, que renunció a hacer política. Por ello, no extraña la incapacidad para descodificar las otras señales que emite la sociedad más allá de una ley. Así, el PP espera ansioso a escuchar el martes a su líder, quien pasó la mayor parte de su duelo de sobremesa, no en el escaño. Soto voce, nadie duda de que su tiempo político ha terminado. Y los sherpas que ya trabajan en sondear por dónde van los apoyos, creen que no podría evitarse una implosión si Rajoy decide atrincherarse en Génova ignorando de nuevo la realidad. En cualquier caso ya sabemos algo; una vez más el PP pasa de partido de Estado a una oposición barriobajera sin transición. A Pedro Sánchez le han llamado ya "ilegítimo", "tramposo" y algo parecido a amigo de los terroristas. De la moción han dicho que es un fraude, un chantaje y un acto de parasitismo. Y este mismo domingo los voceros del PP han recuperado el "España se rompe", aseguran que hay acuerdos ocultos y amenazan con volar su propios presupuestos en el Senado. Es mucho balance para tan poco tiempo en la oposición. Y para colmo, la disputa con Ciudadanos por el patriotismo, el espacio y los votos va a subir más la temperatura.

Pedro Sánchez, instantes después de que su moción de censura contra Rajoy saliera adelante en el Congreso. / CADENA SER

Mientras, en Moncloa, se hace mudanza y se inaugura un nuevo tiempo. Un golpe de estrategia y audacia, una moción rápida, mucho cosido fuera de los focos, partidos movilizados contra el PP, y quizás algo de suerte. Pedro Sánchez ya es presidente, el tercero socialista, y ha aprovechado una oportunidad de oro justo cuando más la necesitaba. Está hilando un Ejecutivo que nadie sabe exactamente para cuánto tiempo, pero de momento puede intentar cambiar cosas, responder a algunos de sus compromisos y ofrecer una imagen renovada, eficaz y fiable del PSOE.

Las circunstancias objetivas parecerían indicar que. con solo 84 escaños y una alianza coyuntural heterogénea e incompatible, no puede gobernar y que lo más sensato sería convocar elecciones en breve. Pero nada indica que vaya a ser así y tiene margen y legitimidad para intentarlo. Otra cosa es que acierte con la agenda, los nombramientos y el tono. Y que le dejen los de fuera y los de dentro.

Esta operación puede ser la palanca hacia un nuevo futuro político para el PSOE o su epitafio. Sánchez accede al Gobierno con un entorno económico cambiante; con la necesidad de consolidar la recuperación, luchar contra la precariedad laboral y las desigualdades y una amplia agenda pendiente. Y Cataluña, que espera como mínimo un cambio de tono.

Y una curiosidad: una de las obsesiones de Pedro Sánchez han sido las encuestas, que ha negado por activa y por pasiva. Curiosamente las encuestas y el éxito que vaticinaban para Ciudadanos han impulsado al PNV a apoyar la moción. Y el partido que salía peor parado en los sondeos hoy gobierna España. Las encuestas, que como se sabe, las carga el diablo.

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