Mérida y las supersticiones romanas

Los antiguos romanos eran muy supersticiosos, más de lo que nos imaginamos, y eso formaba parte de su vida cotidiana y también de sus fiestas y celebraciones, como las Parentalias o las Lemures

La superstición era una característica fundamental de todo buen ciudadano. Conjuros, remedios, ofrendas y amuletos eran habituales para ganar el favor de los dioses, conseguir buenos augurios o combatir el mal de ojo. En algunos casos se utilizaron “tablillas de maldición”. Uno de los símbolos más importantes dentro de estas creencias era el “fascinus”, una representación del falo con diversidad de modificaciones y añadidos. Su origen es muy antiguo, asociado al dios griego de la fertilidad, Príapo, que en el mundo romano se emparentó con Baco. De hecho, durante la fiesta del Liber Pater se sacaba en procesión un gran falo. Habitualmente, tenía dos utilidades: como símbolo de fertilidad agrícola y humana (de la siembra, la cosecha y la concepción de la mujer favoreciendo los nacimientos) y para evitar el aojamiento.

Sabemos que para favorecer la reproducción vegetal, animal y humana era frecuente, dentro de los santuarios, la ofrenda de exvotos en su honor. Pongamos el ejemplo de Emérita Augusta, la actual Mérida, capital de Extremadura, donde no podían faltar las representaciones fálicas en casas, puentes y acueductos intentando proteger de males y potenciar la fecundidad de la urbe. En el puente romano sobre el río Guadiana está grabado un falo sobre uno de los sillares graníticos que sostiene el primer arco del puente, bajo la actual entrada a la alcazaba y puerta de acceso occidental de la ciudad. Está de perfil y en horizontal, orientado hacia la derecha con los testículos bien definidos a su izquierda, con los restos de unas posibles alas que lo complementarían. Dicho falo sigue protegiendo, dos mil años después de su fabricación, a la ciudad desde que en época de Augusto fuese allí colocado por un tallista anónimo de la colonia. Tienen otro tallado en la muralla romana, protegiéndola, y otros tres en los pilares del acueducto de los Milagros, suponemos que protegiendo algo tan valioso como el agua, aparte de todos los que se exhiben en el Museo Nacional de Arte Romano. Los hay que son un primor que brillan como el oro o la plata y otros son de bronce o de hueso… sin pudor alguno y con poder acreditado. Eso dicen. La mayoría tenían un uso muy personal e intransferible, otros para cuestiones funerarias y hogareñas.

Y otro de los símbolos que protegían a la ciudad emeritense es la cabeza de Medusa, símbolo apotropaico que los romanos y emperadores grababan en sus uniformes, corazas y escudos. Pues bien, Mérida es la ciudad del mundo que más cabezas de medusas posee, todas generando una especie de protección sobre distintos habitáculos de la ciudad, como en el templo de Marte (hoy es el "hornito" de Santa Eulalia) que está lleno de cabezas de medusa con sus pelos rizados de serpientes.

 

 

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