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Fraudes arqueológicos

En 1734, el naturalista sueco Linneo desestimó para su gabinete una hidra de siete cabezas al decir que se trataba de una ingeniosa falsificación zoológica confeccionada con partes de animales. Los agraviados propietarios echaron a Linneo de la ciudad amenazándolo con demandarlo

Antes del arribo de Linneo, los monstruos disecados o los huesos de bestias prehistóricas solían ser expuestos en las ferias. Un matemático italiano informó haber visto “bebés de dragones” en París, en 1557. Lo más seguro es que fueran culebras a las que se les habían cosido alas de murciélago. Ya sabemos que siglos más tarde, el empresario circense P.T. Barnum no tenía problemas en exhibir estatuas de gigantes falsas o coser la cola de un pescado disecado al torso también disecado de un mono y decir que se trataba de una sirena.

Los descubrimientos arqueológicos y paleontológicos no dejan de sorprender a la comunidad científica, más que todo porque queda constatado que siempre hay algo nuevo que espera ser hallado para saber algo más de nuestro pasado. Sin embargo, si bien la rigurosidad con que proceden la mayoría de investigadores es digna de celebrarse, también a lo largo de la historia se han registrado casos en los que se pretendió embaucar a la humanidad con hallazgos que al final resultaron falsos. En realidad, la historia de la arqueología no solo está llena de grandes descubrimientos, sino también de grandes fraudes e impostores. Eso pasó con algunas estatuas de la cultura íbera del Cerro de los Santos o con el sarcófago de Hércules del Puerto de Tarragona o con los “libros plúmbeos” del Sacromonte.

Por no hablar de la emblemática Dama de Elche, como de tantas otras piezas artísticas, que es también la historia de los tejemanejes políticos y arqueológicos de la época recayendo sobre ella las sospechas de una falsificación por culpa del estadounidense John F. Moffitt, docente en The New Mexico State University, el cual argumentaba sus dudas en su libro El caso de la Dama de Elche. Crónica de una leyenda (1995), en el que lanzó un devastador dardo acusatorio sobre una de las obras más bellas y más famosas de la antigüedad hispana. Según su opinión, la Dama de Elche sería una falsificación de finales del siglo XIX, más concretamente de 1897, la fecha de su descubrimiento. 

En este caso, ya nadie duda sobre la autenticidad de la Dama de Elche, pero nunca está de más conocer algunos otros casos donde esa duda si tuvo consecuencias nefastas a nivel mediático como ocurrió con el llamado “Relojero de Yecla”.

 

 

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