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Cuadros con mensajes ocultos

Cuando el rey, el papa o el noble de turno encargaba un cuadro al artista o pintor de cámara, normalmente la temática no era susceptible de muchos significados ocultos (señores en tronos, montados a caballo, ropas relucientes, familias numerosas, referencias religiosas...), por lo que, a priori, no serían cuadros de mucha trascendencia, más allá de la calidad pictórica. Sin embargo, es precisamente en este tipo de obras donde, a lo largo de la historia del arte, más misterios encontramos

Porque el arte no pretende buscar tan solo belleza, sino también busca una intencionalidad y un significado, a veces, oculto o escondido más allá de lo que simplemente se muestra. Varias de las obras de arte más importantes de la historia no solo transmiten sentimientos, sino que también guardan ciertos mensajes secretos que poco a poco se han logrado descifrar. Desde que Dan Brown escribiera su famoso “Código Da Vinci”, las pinacotecas e incluso internet se ha inundado de gente intentando buscar y resolver los “misterios” o símbolos de las grandes obras maestras de Leonardo. Algunos incluso ven ovnis en pinturas del Renacimiento o miles de conspiraciones que rodean a la Mona Lisa o La Última Cena.

Hoy día vemos los cuadros clásicos y modernos con otros ojos. Todos esperamos encontrar algún secreto en las pinturas de Goya, Miguel Ángel o de Van Gogh, y nos acercamos a los cuadros de El Bosco, de Velázquez o de Rembrandt intentando encontrar claves astrológicas, premoniciones o mensajes cifrados que yal vez pretendieron trasmitir de manera subliminal estos genios. De la misma manera, Renoir y los pintores impresionistas o Dalí y los pintores surrealistas, también fueron artistas de los que se sabe que escondieron algo entre sus pinceles, a veces sus enfermedades o su pertenencia a sociedades secretas.

Si nos acercamos sin prejuicios a la obra de Durero y su acuarela El Diluvio o la xilografía titulada Melancolía en la refleja un cuadrado mágico, o el retrato de Johannes Kleberger, nos daremos cuenta de que muchas veces refleja sus obsesiones. O cuando el pintor Van Eick realiza su “Matrimonio Arnolfini” no repara en elementos y claves simbólicas propias del siglo XVI o cuando Hans Holbein el Joven termina su cuadro “Los embajadores” en él deja plasmado, entre otros aspectos, una anamorfosis y una vanitas. En definitiva, hay que saber mirar para saber comprender.

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