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Martes, 20 de Agosto de 2019

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¿Cómo salvamos nuestros mares?

Nos preguntamos quienes son los culpables de la sobreexplotación pesquera y buscamos un modelo sostenible de pesca con el presidente de la Fundación Lonxanet, Antonio García. Greenpeace nos cuenta cuáles son los supermercados más y menos comprometidos con la eliminación de los plásticos

Hay una corriente en Galicia que está actualizando el tradicional concepto de pescador en un actor social que protege el mar del que todos vivimos. Les convierte en guardianes del mar. Todo parte de un problema común que comparten decenas de miles de pescadores en todo el mundo: la sobreexplotación de los caladeros.

En Galicia tenemos un ejemplo de esa sobreexplotación, pero también en Argentina, donde “la pesca indiscriminada que se está realizando por los frigoríficos que fueron los que acabaron con los peces en el mar argentino y vieron el negocio en el pez de río y aparecieron aquí, yo recuerdo cuando venían y te pedían 20 piezas por día y eso era cómico porque lo sacábamos en un mes eso con suerte”, recuerda un pescador.

Pero este es un problema global, también en África o Asia. Hemos hablado con Antonio García, presidente de la Fundación Lonxanet. Cuenta que el concepto de sobreexplotación “lo utilizan mucho los biólogos que evalúan sus pesqueros y se usa para definir los límites que rayan la disminución importante y significativa de esa biomasa, de esa especie concreta”. El último informe de la FAO describe la producción mundial de peces en el mar en los últimos 20 o 30 años. En el gráfico respecto a los últimos 50 años se observa que “la producción a medida que el desarrollo a nivel global tecnológico y científico se incrementa, en el año 1999-2000 se alcanza la mayor captura global y a partir del año 2000 empieza un lento declive de esa captura”. Siguiendo esa tendencia, señala García, estamos ahora en torno a las 79 u 80 millones de toneladas.

Nunca más se ha alcanzado la cifra de 100 millones, la tendencia es decreciente en un contexto en el que sin embargo la capacidad de cada embarcación es muy superior a la de hace 10 o 30 años por la tecnología. Además según la FAO la tendencia a medida de que la población crece y se reduce la pobreza, es que la demanda de consumo de pescado crezca, pero “la producción de los océanos ha llegado al límite”, lamenta García, y se muestra preocupado porque hay mucha incertidumbre en cuanto al futuro de nuestros océanos y la salud de los ecosistemas de nuestros océanos. Hay 60 millones de personas que viven de la pesca, 40 millones son pescadores de poblaciones pesqueras a pequeña escala, y lo que se está viendo es que el problema de escasez a nivel local que está identificando un problema global.

A estas cifras de la explotación pesquera hay que añadir las de los descartes, el pesca que se tira de nuevo al mar. “Una parte de los descartes derivan de que las técnicas no son aún lo bastante selectivas, pero otra deriva de los tags y las cuotas que tenemos impuestas”, explica el director de la Fundación. Esto se da porque no todas las especies que se capturan están evaluadas científicamente, pero entre las que lo están se calculó la biomasa de lo que se puede pescar y se repartió el cupo entre las diferentes flotas, por lo tanto, a medida que los barcos pescan van contabilizando lo que llevan pescado de ese tag y si se les agota el cupo y siguen pescando lo tienen que tirar. Ese reparto que hemos gestionado “hace que cuando llega el mes de septiembre la pesca artesanal tenga que tirar peces muertos al mar, algo que históricamente no había ocurrido hasta el momento”, critica García.

La FAO estima en el 20% aproximadamente a nivel global la cifra de descartes, millones de toneladas de pescado que se desperdician. La mayoría de las veces, añade García, se trata de especies “comestibles, pero que no están en los canales de comercialización tradicional. Si no son especies conocidas no hay demanda y es más barato para las embarcaciones tirarlas que llevarlas a puerto”. Esto tiene un impacto negativo no sólo en la alimentación humana sino en los ecosistemas marinos.

El profesor Antonio García achaca la sobre explotación a la que estamos sometiendo nuestros mares a que “somos presentistas, solo pensamos en el presente y en nutro ADN cultural no está pensar en las generaciones futuras”. Asegura que la industria pesquera europea está en África, en el indicó, etc, explotando especies que ellos no pueden explotar porque carecen de la tecnología necesaria, lo que dificulta el control de lo que se pesca. Entonces, “nos encontramos con muchos impactos de pesca ilegal de embarcaciones de diferentes países, asiáticos o europeos” que no respetan nada. Y luego “lo introducen en el circuito habitual y el consumidor no sabe de dónde es el pescado que está comprando”.

En la pesca tradicional, sin embargo invierten en embarcaciones pequeñas de una o de hasta cinco o seis personas, muchas veces con parentesco entre sí, y su capacidad de captura y explotación es pequeña, aproximadamente de menos de 300 kilos de pescado al día por ejemplo en Galicia. La cadena de producción es mucho más compleja en las embarcaciones con más de 18 metros de eslora, que dependiendo de la técnica que utilicen tienen una capacidad extractiva de 6 o 7 mil toneladas diarias de pescado.

La fundación Lonxanet trabaja para la conservación a largo plazo de los mares. Para García, la mentalidad de que los pescadores sean "guardianes de los mares" y tengan en criterios de sostenibilidad a la hora de explotar los recursos marinos, debería estar extendida a todos y no sólo a los pequeños pescadores con más arraigo al mar. En el documental que ha realizado la fundación con la participación de muchos pescadores locales hay testimonios de pescadores artesanales que quieren erigirse como garantes de la conservación del ecosistema marino, sobre todo porque ellos dependen de él para vivir.

En la práctica, asegura García, esto se traduce en que “los modelos de gestión de la pesca a nivel global tienen que ir transitando de modelos de gestión centralizada que genera muchas deficiencias, a un modelo de gestión colaborativa. Nosotros pensamos que hay que incorporar a los usuarios de un ecosistema en los procesos de gestión”. Esto generaría un sentido de la responsabilidad entre los propios pescadores, según defiende García, y para llegar a esto es necesario “un cambio cultural”. Galicia es un ejemplo de este mecanismo, donde fueron los propios pescadores de la cofradía del ira quienes pelearon por él hasta que el gobierno aprobó esa gestión colaborativa de la reserva.

Objetivo: fin de los plásticos

Además de la sobre explotación, tenemos el problema de los plásticos en los mares. Las grandes cadenas de distribución se comprometieron con la eliminación de los plásticos, pero Greenpeace ha elaborado un ranking que revela que todavía queda mucho por hacer.

El ranking se centra en la eliminación de todos los plásticos de un solo uso, como las bolsas. Alba García, coordinadora de estos trabajos, celebra que en general los supermercados están cambiando sus políticas con respecto a las bolsas, aunque les gustaría que se apostará por las reutilizables en todos los casos. Y también están expectantes, asegura, porque este año “tanto Eroski como Mercadona en su sección de fruta y verdura también tendrán bolsas reutilizables”.

Pero en los supermercados se utilizan muchos más plásticos aparte de las bolsas. La fruta y verdura viene en muchos casos empaquetada en lugar de a granel. Aquí todavía queda mucho por hacer, lamenta, porque “aunque algunos supermercados van a aumentar la venta a granel”, todavía va a seguir habiendo muchos productos envasados, así que deben seguir trabajando con ellos para reducirl los plásticos en productos que ya tienen su propia piel.

Para la elaboración del informe, cuenta Alba García, se ha tenido en cuenta que elaboren un plan de eliminación de estos plásticos “de manera transversal, es decir, dentro del supermercado en cada uno de los productos ver qué pueden eliminar y que nos digan cuándo”. Y también les piden que inviertan en nuevos modelos de distribución basados en la reutilización. Por ejemplo, botellas rellenables, productos a grandes como legumbres o frutos secos. Y que sean transparentes a la hora de informar de cuánto plástico usan y cuánto van a reducir.

Aldi, Mercadona y Eroski son los que mejor nota sacan. Los suspensos con peor resultado son El Corte Inglés, Alcampo, Carrefour, Dia y Lidl.

Ranking de supermercados contra el plástico / Greenpeace

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