Autoelección
Acababa Guaidó de hablar y Donald Trump ya le bendecía como presidente legítimo de su país, y avisa de que utilizará "todo el peso del poder económico y diplomático de EE UU para presionar"

Madrid
El mundo es una porquería, ya lo sé, pero además está loco, loco, loco. ¿Cómo es posible, que tras una manifestación callejera, el presidente –dudoso- de una Asamblea Nacional –dudosa- decida, a pelo y sin preavisos, decida autonombrarse presidente de su país ante dios todopoderoso? Pues éste ha sido el caso de Juan Guaidó y el país es la Venezuela de Nicolás Maduro. ¿Verdad que es asombroso? Pero todo es empeorable, que decía mi amigo gallego.
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Acababa Guaidó de hablar y Donald Trump ya le bendecía como presidente legítimo de su país, y avisa de que utilizará “todo el peso del poder económico y diplomático de EE UU para presionar”. La orden imperial viajó rápido, y los países latinoamericanos donde gobierna la derecha, con el brasileño Jair Bolsonaro al frente de la partida, se abalanzaron sobre el asunto pisoteándose unos a otros, a ver quién era el primero en mostrar la obediencia debida. Pero no crean que los pimpollos Pablo Casado o Albert Rivera tardaron mucho más, que al minuto siguiente ya estaban exigiendo a Pedro Sánchez que reconociera al nuevo poder legítimo que representa Gauaidó.
Y el Ojo, estupefacto, se pregunta si no hay más trámites a seguir para ser elegido presidente de un país. ¿Quizá, por ejemplo, presentarse a unas elecciones? ¿A Casado y Rivera les sirve una simple autoelección en mitad de la calle?




