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Viernes, 23 de Agosto de 2019

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'Pájaros de verano': cuando el capitalismo y la droga corrompieron a los indígenas de la Guajira

Ciro Guerra y Cristina Gallego elaboran un viaje chamánico que deriva en thriller sobre el verdadero origen del narcotráfico en Colombia

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'Pájaros de verano': la desintegración de las tradiciones en Colombia

Por JOSÉ M. ROMERO

Ciro Guerra es uno de uno esos directores convencidos de que el cine es el reflejo de un país, de que sus imágenes pueden narrar la historia de Colombia. El autor de El Abrazo de la Serpiente quita todo el glamour a las historias de narcos contadas desde EEUU y se adentra, en una experiencia mitológica, en el verdadero origen del mercado de la droga. El realizador codirige junto a su productora habitual, Cristina Gallego, un viaje chamánico a la Guajira de los años 70 para explicar, en una tragedia en cinco cantos, la bonanza marimbera, la entrada de grupos marginados de la economía al tráfico de marihuana con Norteamérica.

Una familia indígena vertebra un relato sobre la tensión entre tradición y progreso, sobre la desintegración de las costumbres. Autor de contrastes, juega con la poética de los colores, de los sonidos, del vestuario, del viento... con la la aridez de un desierto que pasa de albergar chabolas a acoger mansiones... "No somos eso en lo que nos hemos convertido", lamentan en esa comunidad profanada por el dinero. Entregada a un enfrentamiento que amenaza su legado en un thriller de aprendices de gángster con mucho poder para las mujeres. Una imponente Carmiña Martínez encabeza el reparto como símbolo del matriarcado. 

Grabada en su mayoría en wayuu, la lengua índigena más hablada en Colombia, la película contó delante y detrás de las cámaras con miembros de esa comunidad norteña, parte fundamental para entender el espíritu ancestral de una cinta que respira el aroma de Gabriel García Márquez. Ese realismo mágico se manifiesta en los ritos, en los sueños, en los fantasmas que acechan y atormentan a los vivos. Inspirada en hechos reales, la cinta pone en el punto de mira a las fuerzas de paz americanas, portadoras de la avaricia bajo ese hippismo aderezado con alucinógenos. Algunos de estos voluntarios la acusan de pisotear la realidad y apropiarse del sufrimiento de la comunidad indígena, rechazan el enfoque de una obra que se ha quedado a las puertas de la nominación a los Oscar como Mejor película extranjera.

La pérdida de la palabra como valor, la muerte del diálogo entre generaciones, la pureza pervertida por la corrupción moral yanqui, por el virus de un capitalismo que solo condena a la guerra, a billetes manchados de sangre.

'¿Podrás perdonarme algún día?', soledad e impostura en el Nueva York de los 90

‘¿Podrás perdonarme algún día?’ es mucho más que una película biográfica, es un tratado sobre la soledad, pero también sobre la importancia de lo real y auténtico en un mundo, el del simulacro que diría Baudillard, en constante cambio La directora Marielle Heller comenzó a investigar sobre la escritora Lee Israel, una autora de biografías que se había apuntado varios éxitos en los setenta y ochenta al escribir libros sobre Katherine Hepburn o Estée Lauder. Pero pasó de moda, y fue una de tantas mujeres que a los cincuenta y sin un físico imponente es apartada

Asediada por las deudas, el alquiler y su adicción al alcohol, Lee Israel comenzó casi por casualidad a falsificar cartas de famosos escritores, como Dorothy Parker, Ernest Hemingway, Noel Coward, Edna Ferber, Lillian Hellman, Louise Brooks, George S. Kaufman y otros, y a venderlas a libreros y anticuarios que hacían su agosto con ellas. La escritora se tomó en serio este nuevo trabajo, imitando el estilo literario de cada uno de los escritores que plagiaba y disfrutando y volviendo a recuperar la autoestima.

Protagonizada por Melissa McCarthy, que cambia su registro de actriz graciosa, que habíamos visto en La boda de mi mejor amiga, en Espías o Los cazafantasmas. Ahora interpreta a un personaje arisco y con el que es difícil empatizar, un reto, decía la actriz que le apetecía mucho. La historia del ascenso y caída de Lee Israel como falsificadora literaria ocurrió en una época, principios de los noventa, donde la comunidad queer en Nueva York tenía sus propios lugares y sus reglas. Ella era lesbiana, sin pareja, vivía con su gato, y frecuentaba bares del Village, donde conoció a un amigo gay, papel que interpreta el actor británico Richard E. Grant

Ambos han logrado nominación al Oscar por sus interpretaciones, a las que se suma la de mejor guion adaptado para esta cinta, que, como explicaba la directora también quería hablar de una de las epidemias de aquellos años, el sida. Esta es la segunda película de Heller, que debutó con The Diary of a teenage girl, en la que la directora deja al descubierto el esnobismo de una élite literaria, incapaz de diferenciar el original y la copia, pero fascinados por el objeto que piensan es único. Lee Israel era feliz escuchando de sus cartas falsificadas que “nadie podía escribir como Dorothy Parker, o comentarios similares, cuando en realidad era ella la que escribía. 

Es una tomadura de pelo a la burguesía que hemos visto en películas como The Square o en la recién estrenada en Netflix, Velvet Buzzaw. Y algo que puso en práctica el escritor Max Aub, que desarrolló una biografía de un pintor coetáneo de Picasso que en realidad nunca existió. Aub montó hasta una exposición en México. También nuestro protagonista sacó algo de su fechoría: la autobiografía titulada precisamente como esta película.

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