Viernes, 04 de Diciembre de 2020

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Acoso o acoso violento

Lo que para uno (Rajoy) era acoso, es decir, amenaza, presión indebida, hostigamiento; para la otra (Santamaría) era algo más: un acoso violento

Dijo Soraya: “Yo sé lo que es un escrache. Y lo que sucedió en Cataluña no era un escrache. Era un acoso violento”. Hablaba ayer, tanto la ex vicepresidenta como la abogada del Estado, acostumbrada a calificar hechos.

Dijo Mariano: “Era una situación excepcional que se concentren miles de personas delante de la consejería donde actúan funcionarios según las órdenes de un juez”. “Es un acoso”, concluyó. Hablaba ayer, tanto el presidente del Gobierno como el registrador de la propiedad, habituado a tomar sobriamente nota de los datos del expediente.

Así que aunque sus dos argumentarios compartían marca, cada uno le imprimió su matiz personal. Lo que para uno era acoso, es decir, amenaza, presión indebida, hostigamiento; para la otra era algo más: un acoso violento.

Ambos polos perimetran el campo en el que jugarán los magistrados. Se cometió una ilegalidad grave, cosa de la que poca gente sensata duda. Pero si hubo violencia, o más exactamente, la violencia necesaria y suficiente para considerarla algo más grave que desórdenes públicos/obstrucción a la justicia/y desobediencia; si bastó o no para encajarla en el tipo delictivo de rebelión, eso es lo que deberán concluir los jueces.

¡Ah! Por cierto, que la existencia de la, tan criticada, acusación popular encarnada en el partido de la ultraderecha, ya ha generado el primer conflicto en el Supremo. Y los dos primeros casos de resistencia activa a esta anomalía. No serán los últimos.

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