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Sábado, 17 de Agosto de 2019

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Pompeo visita el Líbano de Cafarnaúm

A la Administración Trump le preocupa la presión política interna de Hizbollah, la versión parlamentaria de la milicia chiíta afín a Irán, que es considerada grupo terrorista por Estados Unidos. Su llegada ha causado revuelo y protestas, en un país con muchos problemas económicos y políticos que se ocultan bajo las tensiones geopolíticas.

La noria del parque de atracciones de Beirut sigue girando, casi como una metáfora de la vida. No ha dejado nunca de hacerlo, ni siquiera durante los años de la Guerra Civil Libanesa (1975-1990). El parque de atracciones donde está esa noria es protagonista en Cafarnaúm,  la última película de la cineasta libanesa Nadine Labaki, y de él hablan siempre muchos periodistas y escritores españoles como Maruja Torres o Tomás Alcoverro. "Beirut, por ser una ciudad que ha pasado tantas guerras, alberga personajes excéntricos con total normalidad. Cuando hablamos de realismo mágico en Latinoamérica, parece que es algo que no se puede dar en Oriente Medio, pero es realmente habitual". Nadia Hotait, cineasta hispano-libanesa, se refiere con esto a las personas y al ambiente con los que se encuentra Zain, el protagonista de la película, en ese parque de atracciones. Es uno de los momentos más importantes y representativos de la película.

Cafarnaúm es la historia de Zain, un niño libanés que denuncia a sus padres por haberle dado la vida. El intérprete es un niño refugiado sirio que ahora vive en Europa, como el protagonista de la película. Esto ha dado lugar a confusión sobre el origen real del personaje, según Ignacio Gutiérrez de Terán, profesor de Estudios Árabes en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). En el tribunal, la abogada defensora del protagonista está interpretada por la propia Labaki. Hotait dice que "posicionarse en la abogada defensora del niño que acusa a sus padres de haberle parido me pareció un poco extraño, porque ella es el personaje que va a defender a estos niños".

El estreno de esta película ha tenido un gran impacto en la sociedad libanesa, que muchas veces se niega a ver lo que ocurre en sus propias entrañas, pero también en la crítica internacional, que ha emitido críticas y elogios de manera polarizada. De hecho, la película fue muy bien recibida en Estados Unidos, y se llevó una nominación a los Oscar como mejor película en lengua extranjera, premio que finalmente se llevó Roma.

Pompeo y los intereses estratégicos en la región

La buena acogida estadounidense de Cafarnaúm tampoco evita una cierta ceguera internacional hacia los problemas reales del país. De hecho, Líbano recibe este fin de semana la visita del secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, en el marco de su gira por Oriente Medio, tras pasar primero por Israel y Kuwait. En su agenda, tratar con el presidente Aoun y con el jefe del Gobierno, Hariri, cuestiones que preocupan a la Administración Trump en la región. Esas cuestiones no tienen que ver con los problemas socio políticos y económicos que se reflejan en la película de Labaki, sino más bien con los intereses petroleros, las relaciones de soberanía marítima de Líbano con Israel y, muy especialmente, la presión de Hizbollah en la política interna.

Hizbollah es la versión parlamentaria de la milicia chiíta aliada de Irán, que es considerada grupo terrorista por Estados Unidos. Su importancia cada vez mayor en la política interna libanesa, junto con la hegemonía creciente de Rusia, Turquía e Irán en Oriente Próximo, han enfadado a EEUU, que se ve a sí mismo con poca capacidad de maniobra en la región e intenta evitar el surgimiento de gobiernos hostiles.

Estado y Gobierno débiles

La presión geopolítica regional por parte de Irán y Arabia Saudí, unida al intervencionismo internacional de Estados Unidos y Rusia, impiden al Gobierno libanés concentrar sus esfuerzos en poner en marcha políticas dentro del país. La situación en la vecina Siria tampoco ayuda.

El problema de los refugiados en Líbano no es nuevo. Desde que el conflicto palestino-israelí comenzó a dominar las relaciones de poder y la política regional, los refugiados suponen una importante presión demográfica y humanitaria. A pesar de que no hay censos oficiales desde el mandato francés, se estima que hay más de un millón de refugiados en un territorio del tamaño de la provincia de Barcelona, con una población estimada de unos cuatro millones de personas. El profesor Gutiérrez de Terán explica que "hay un momento en la película en el que la niña refugiada le pregunta a Zain por qué no va a los campamentos de refugiados, donde puede ir a la escuela y le dan de comer. Se presenta en uno de los campamentos de la ONU y allí intenta imitar el deje de habla sirio". Según Hotait, "esto pasa porque se supone que los libaneses no tienen las dificultades que atraviesan los refugiados, y el problema es que muchos sí que las tienen".

"En la película se ve la trastienda de Beirut. Más allá de la Corniche y de los grandes rascacielos, está el problema del abastecimiento, la electricidad, la recogida de basuras", nos dice el profesor Pablo Sapag, de la Universidad Complutense de Madrid. Precisamente contra estas carencias han surgido también en el país movimientos sociales y partidos políticos, que no se han materializado en éxito electoral, pero que sí han agitado el debate público. Uno de ellos es Beirut Madinati, que se presentó a las elecciones municipales de Beirut en 2016 con una lista de tecnócratas e intelectuales entre los que estaba la propia Nadine Labaki. Aprovecharon que en las elecciones municipales no funciona el sistema confesional  por cuotas, y los ciudadanos pueden elegir sin restricciones religiosas su opción de voto. Su programa se basaba en una declaración de intenciones con diez puntos o problemáticas a solucionar en la ciudad, entre las que se encontraban también la recogida de basuras o el suministro eléctrico. Ese movimiento, al igual que Cafarnaúm, también pretendía hablar de pobreza y no de confesionalismo, pero perdió contra la lista contraria, la apoyada por el Gobierno de Hariri.

Retrato de la miseria

La cinta ha recibido críticas duras, no sólo por la aparición de su directora como actriz, sino por hacer una exageración de las condiciones en las que viven estas personas en los campos de refugiados libaneses. Sin embargo, tanto Hotait como los profesores Gutiérrez de Terán y Sapag, opinan que reflejar esta realidad es precisamente lo que mejor hace.

Hotait nos dice que una de las cosas que mejor retrata la película es la situación de las mujeres etíopes y el sistema de la Kafala. "En el Líbano es muy habitual que una familia de clase media-alta tenga una empleada doméstica. Es como que ellos pasan a ser sus padres, de hecho muchas veces llaman papá y mamá a sus empleadores, que se encargan de hacer sus papeles, gracias a los que están en el país, y de pagarles el sueldo. Pero están muy desprotegidas".

En definitiva, Cafarnaúm transmite desolación y tristeza, como una metáfora de la antigua ciudad bíblica de los apóstoles, con el mismo nombre. Las causas de la pobreza en los extrarradios de Beirut no escapan de las tensiones geopolíticas que copan la agenda política de Pompeo este fin de semana, pero esa miseria no preocupa directamente a Estados Unidos. En palabras de Pompeo, la prioridad es "asegurar que esta democracia de Oriente Medio, que es Israel, sigue funcionando".

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