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Balance de tres años del pacto UE-Turquía: 12.000 refugiados hacinados

Médicos Sin Fronteras denuncia que miles de personas permanecen hacinadas en las islas griegas en condiciones "insalubres, inseguras y degradantes" cuando se cumplen tres años del pacto de la Unión Europea con Turquía sobre los refugiados

“No hay agua, tenemos que caminar hasta ahí arriba… Algunos de nosotros estamos enfermos, no hay baños. Vivimos en estas caravanas aquí. Mira a tu alrededor… somos diez en esa caravana. La gente duerme una encima de otra. Por la noche nos estamos congelando por el frío”. Esa es la situación en la que viven los 12.000 refugiados, migrantes y solicitantes de asilo que todavía permanecen hacinados en diferentes campamentos de las islas griegas cuando se cumplen tres años del acuerdo de la UE con Turquía.

Este acuerdo ha mantenido durante meses a miles de personas en los cinco centros de tránsito de las islas en condiciones “insalubres, inseguras, degradantes, de hacinamiento y con escaso acceso a servicios básicos”, lo que se ha visto reflejado en un notable deterioro de su salud, según denuncia Médicos Sin Fronteras. “En Vathy, en Samos, más de la mitad de la población del campamento vive en tiendas de campaña de verano o bajo lonas de plástico, rodeadas de basura y excrementos humanos”. Así describe la situación Emmanuel Goué, coordinador general de MSF en Grecia.

La masificación es especialmente grave en centros como el de Vathy, creado para albergar a 648 personas y que ahora acoge a más de 4.100. Esto obliga a miles de personas a vivir hacinadas en una zona exterior “sucia e insegura”, entre ellos, MSF ha contabilizado a al menos, 79 niños no acompañados, mujeres embarazadas, ancianos, personas con enfermedades crónicas y supervivientes de tortura y violencia sexual.

En las islas de Lesbos y Quíos los campos también están muy por encima de su capacidad. Los médicos de la organización atienden regularmente a personas que han desarrollado “enfermedades físicas y psicológicas relacionadas con las condiciones de vida, los largos períodos de espera para la tramitación de sus solicitudes de asilo y con las razones que los llevaron a huir de sus países en un primer momento”.

Isla griega de Samos / MSF

Antonis Rigas, coordinador de MSF en Moria y Chios, nos cuenta que una de las claves es que están aislados en esos centros conocidos como “hotspots”. Mucha gente vive “en tiendas en el bosque, sin agua caliente o para beber”, bajo la lluvia o la nieve, “con basura por todos lados, con mosquitos, con ratas…” Rigas se sorprende de que algo así pueda suceder en territorio europeo. Asegura que más del 60% de la gente hacinada en las islas vive en tiendas de campaña, ni siquiera tienen acceso a los conteiner. Y cree que el mantenimiento de esta situación por parte de la UE se debe a que quieren mandar un mensaje para que no venga más gente.

El coordinador espera que al menos las personas más vulnerables con problemas mentales o que se han autolesionado puedan acceder al continente. MSF exige a los líderes europeos medidas que acaben “con las nocivas políticas de contención en estos supuestos centros de tránsito y que garanticen la evacuación inmediata de todas las personas vulnerables, especialmente de los niños, a alojamientos adecuados en la Grecia continental o a otros Estados miembros de la UE.

Antonis Rigas habla además de un “problema social”. Se encuentran desesperados, asegura, pero también “la sociedad griega está harta de llevar tres años soportando esto, ya que en muchas ciudades más de la mitad de la población la conforman los refugiados”. Y achaca el problema a la mala gestión e imposición con la que se hizo el acuerdo.

Tras el pacto han descendido notablemente las llegadas de refugiados a Grecia, pero aun así más de 6.000, en su mayoría mujeres y niños, lo hicieron en lo que llevamos de año.

Isla griega de Chios / MSF

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